La historia de Juan Manuel Moreno, mejor conocido como “Bob Esponja”, se remonta al Estado de México, donde creció con su familia y cuya vocación al volante latía dentro de él desde siempre.
Aunque su abuelo también fue camionero, en su familia nadie siguió sus pasos, salvo él y después otro primo, pero no fue sencillo, ya que no sabía bien cómo o dónde podía construir su propio camino, pero la sensación de que lo suyo estaba en la carretera siempre estuvo presente.
Así que aprendió a manejar en los coches de sus amigos, vecinos y en donde fuera que lo dejaran subirse, así que consiguió un trabajo de valet parking a los 15 años, en eventos de la Ciudad de México.
Eso le dio la experiencia necesaria para convertirse en taxista, todavía, incluso, sin licencia. Y siempre lo hizo bien. Tanto, que llegó a tener su propio taxi y después probó con autobuses urbanos.
Le gustó más, porque era un vehículo más grande, pero igual sentía que lo suyo estaba en la carga, como su abuelo. Así que se fue de ayudante con un amigo que ya traía un camión tipo torton y después con otro que ya manejaba quinta rueda en largas distancias.
De hecho ese amigo fue el que le puso el 10-28 de Bob Esponja, debido a que usaba ropa muy holgada, en la onda chola, y le decía que se le veía un cuerpo muy grande con las piernas muy pequeñas, justo con la caricatura. Y se le quedó hasta la fecha, casi 20 años después.
Aprendió muy rápido y cuando algún operador tuvo que refrendar su licencia y no había conductor para ese viaje, Juan Manuel se dijo listo y le dieron su primer viaje de Ciudad de México a la capital chiapaneca.
Por aquellos años, entre 2006 y 2007, se había ganado un Guía Roji en un programa de radio, y ese libro se habría de convertir en su mejor compañía antes de la tecnología.
Ahora sí, lo demás es historia. Incluso, al ser operador fue como conoció a su esposa y madre de sus hijos, ya que ella trabajaba en un restaurante en Puebla donde él seguido se paraba para comer. Se conocieron y cupido hizo lo propio.
Ahora tienen tres hijos, de 15, 13 y 11 años de edad, un hombre y dos niñas, y a los cinco, a toda la familia, le encantan los tractocamiones, cosa que Juan Manuel agradece mucho, ya que su esposa siempre ha entendido la naturaleza de este trabajo.
Y es que la vida en el tracto es exigente. Pasa entre 30 y 45 días trabajando para volver a casa unos cuatro días más. Y así otra vez.
Lo que más le gusta de su trabajo es la sensación de que está transportando sueños, pues nunca se sabe si ese refrigerador o una pantalla, unos tenis, serán para alguien que los espera con ansias e ilusión.
En ese sentido, uno de sus principales objetivos como operador profesional es cumplir lo mejor posible con el servicio, que el cliente esté satisfecho, que sus empleadores noten su esmero y que, al final, su trabajo hable por él.
Y eso le ha abierto muchas puertas, pues en las distintas empresas en las que ha estado siempre le han reconocido como un conductor de alto nivel.
Incluso, en el presente, Transportes Urgentes de Nuevo León -empresa de Zinergia- lo postularon para participar en el MT México, donde ganó un tercer lugar que le permitió competir en la Gran Final Nacional, donde recientemente conquistó la segunda posición.
Y esto le hace ilusión, ya que sabe que a sus 41 años de edad todavía le queda mucho por recorrer, pero no es todo, ya que su hijo mayor, de 15 años, ya le dijo que quiere seguir sus pasos y le pidió que le enseñe todo lo que hay que saber.
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De momento, acordaron que debía terminar la preparatoria para que, al cumplir los 18, ya pudiera sacar su licencia y cumplir su sueño.
También está consciente de que hay que seguir apoyando a las nuevas generaciones, pues éste sigue siendo un trabajo noble, aunque exigente y de alto riesgo. Sin embargo, él cree que es posible rescatar el compañerismo y fomentarlo con el ejemplo.
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