El presidente Donald Trump impuso aranceles del 50% a diversos productos importados de Canadá como medida de represalia por el presunto trato “discriminatorio” hacia el comercio estadounidense.
De acuerdo con la orden ejecutiva publicada el 20 de julio e integrada por tres proclamaciones, los aranceles se amparan en la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930. Estos gravámenes abarcan productos que van desde el vino hasta los palos de hockey y el cemento.
La Representación Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) informó que estas medidas compensan la carga y la desventaja que supone para el comercio estadounidense el trato discriminatorio de Canadá, y crean condiciones de competencia equitativas para exportaciones estadounidenses clave, entre ellas automóviles, bebidas alcohólicas y productos lácteos.
El nuevo arancel, que comenzará a aplicarse el 19 de agosto, permanecerá vigente durante 30 días y, al ampararse en la Ley Arancelaria, no requiere la aprobación del Congreso.
En respuesta a estos nuevos gravámenes, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, acusó a Estados Unidos de aplicar medidas comerciales unilaterales y de violar directamente el T-MEC.
A través de un comunicado difundido en sus redes sociales, Carney calificó esta decisión como “medidas y amenazas a la soberanía canadiense”. Sin embargo, dejó abierta la puerta a nuevas negociaciones.
“Reconociendo que Estados Unidos ha estado transformando todas sus relaciones comerciales, incluidas las cubiertas por el T-MEC, durante los últimos 18 meses, Canadá ha presentado una serie de propuestas detalladas e integrales para resolver esta disputa y modernizar el tratado”, detalló el comunicado.
Carney agregó que Canadá está dispuesta a participar activamente para abordar los asuntos pendientes con Estados Unidos en beneficio mutuo de sus ciudadanos, ya que esta disputa comercial ha incrementado los costos para las familias, particularmente en Estados Unidos.
“Canadá cree en los beneficios del libre y justo comercio, como lo demuestra la firma por parte de nuestro nuevo gobierno de más de 20 nuevos acuerdos de cooperación económica y de seguridad”, destacó el líder canadiense.
Finalmente, señaló que las autoridades canadienses seguirán tomando las medidas que consideren necesarias para proteger a sus trabajadores, agricultores, empresas y familias.
Los nuevos aranceles
El artículo 338 faculta al presidente de Estados Unidos para imponer aranceles cuando un país perjudica a los exportadores estadounidenses en relación con las exportaciones de otro país, con el fin de compensar la desventaja o la carga que ello representa para el comercio estadounidense.
Para el gobierno de Trump, Canadá impone ciertos aranceles y cuotas a los automóviles importados desde Estados Unidos, pero no a los provenientes de otros países. Además, administra estas cuotas de manera que obliga a las empresas automotrices a invertir en la producción en ese país en lugar de hacerlo en territorio estadounidense.
Estados Unidos también señaló que todas las provincias y territorios canadienses, salvo dos, han suspendido la compra, distribución o venta al por menor de bebidas alcohólicas estadounidenses, sin imponer restricciones similares a productos de otros países.
Agregó que, como parte de su complejo y proteccionista sistema lácteo, Canadá estableció contingentes arancelarios para el queso estadounidense mucho más restrictivos que los aplicados a importaciones similares procedentes de la Unión Europea.
Con esta justificación, el gobierno de Donald Trump decidió imponer los aranceles previstos en la Sección 338 a todos los productos canadienses, independientemente de si tienen origen conforme al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Entre los sectores afectados se encuentra el de equipo eléctrico, como frigoríficos, además de otra maquinaria.
No obstante, estas tarifas no se aplicarán a la energía, la potasa, los productos sujetos a los aranceles de la Sección 232 ni a otros bienes, como el pescado o los minerales críticos.
Los nuevos aranceles se implementarán en un contexto en el que México, Estados Unidos y Canadá realizan la primera revisión del T-MEC, un acuerdo que el gobierno de Trump se negó a renovar por considerar que no era lo suficientemente beneficioso para su país.
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