José Luis “El Negro” Mercado terminó la preparatoria con la intención de estudiar ingeniería mecánica, pero las circunstancias no lo permitieron, así que empezó a trabajar haciendo de todo. Tenía 19 años cuando nació su primer hijo y eso lo llevó a buscar en todas partes.
Hasta que llegó a Gamesa, donde empezó a trabajar como repartidor. A los 26 años, un amigo le enseñó a manejar su en vocho y fue ahí donde sintió algo especial: el gusto por el volante era natural y eso fue lo que lo llevó a sus siguientes empleos.
El reparto urbano estaba bien, pero apenas era una camioneta de 1.5 toneladas. Disfrutaba sus rutas y volver a casa, ya con dos hijos que lo esperaban.
Un amigo lo invitó a trabajar para una empresa fabricante de colchones, así que ya se subió a un torton que llevaba a todos lados, principalmente hacia el sureste mexicano.
Las dimensiones, la potencia, la carretera… todo eso se juntó para que viviera algo totalmente nuevo para él y que sin duda lo llenaba como ninguna otra cosa.
Todavía eran viajes hasta cierto punto locales o acaso regionales, ya que no pasaba mucho tiempo fuera de casa, pero, eso sí, la sensación de libertad y el poder de su camión le hicieron ver que éste era su camino.
Hasta que le llegó la oportunidad de manejar tractocamión. Ahí sí fue el punto de quiebre en esta historia, pues descubrió, entendió y asumió con total honestidad que había nacido para esto. Manejar se convirtió en su pasión.
Y desde siempre quiso hacerlo bien, hacerlo mejor. Se juntó con los mecánicos, con los patieros, con todos, para conocer su trabajo, entender de mecánica, de motores, transmisiones, diferencial, conocer su camión.
Eso hizo que le gustara más, ya que empezó a dar buenos rendimientos y sus empleadores siempre estuvieron contentos con su desempeño, pues además se distinguió por su responsabilidad.
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Ahora ya tiene 40 años y su 10-28 es “El Negro”, aunque su prematuras canas sugieran lo contrario. Le gusta el futbol, convivir con sus amigos y ver crecer a sus hijos, que si bien ya son adultos y están forjando su propio destino, él sigue presente.
Sobre el contexto actual del sector, opina que cada vez es más riesgoso, tanto por la inseguridad como por la seguridad vial, y que este trabajo es muy generoso, pero también muy exigente y desgastante.
Al menos en su expectativa, él no se ve envejeciendo en el camión, ya que también quiere tiempo de calidad para disfrutar la vida, a su pareja y a su familia.
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