Solemos hablar de las empresas familiares de primera generación, el fundador o la fundadora; segunda generación, la sociedad de hermanos; tercera generación, el consorcio de primos. Pero después, la pregunta es si el linaje puede trascender y encontrar una forma de darle continuidad al proyecto empresarial mientras la familia va creciendo.
Sí se puede; y los grupos emparentados que lo logran deciden ser familias generativas. Como clan deciden apoyar, impulsar y estar atrás de una gran empresa, darle viabilidad y continuidad. Pero también deciden ser una gran familia. Cuarta generación, quinta generación: una unidad familiar que libremente se quiere comprometer con ese proyecto empresarial.
Un compromiso de esa magnitud no puede quedarse estático. Se renueva con cada generación, y cada miembro encuentra su espacio de contribución. Esto permite desarrollar una mentalidad de stewardship: asumirse como administradores, como guardianes de un patrimonio que se recibe, administra, cuida y entrega a la siguiente generación en las mejores condiciones posibles.
La renovación del compromiso generacional tiene entonces una dirección muy clara: ver por las futuras generaciones. No solamente se trata de continuar juntos, sino de entregar lo recibido en mejores condiciones y encontrar cómo agregar valor por parte de cada integrante de la familia actual, de forma que todos contribuyan al proyecto empresarial futuro.
Al mismo tiempo, como parientes se busca desarrollar una idea de tribu, de comunidad, donde “todos vemos por todos”. Con estas ideas, las familias logran generar una dinámica positiva de desarrollo, apoyo y creación de nuevas empresas, donde todos se desarrollen a su máximo potencial. Esto permite darle continuidad al proyecto empresarial y apoyar a ese clan que va creciendo.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando una familia no logra ponerse de acuerdo? ¿Qué sucede cuando los conflictos se desbordan y no se encuentran soluciones? Hay una alternativa que no es la mejor, pero que a veces es la única: la separación.
Separarse no es lo ideal en las empresas familiares, y resulta especialmente importante cuando ésta se da en malas condiciones; enojados, cuando lo que buscan es desquitarse de lo que se han hecho. El resultado, por lo general, es una pérdida de valor importante en la empresa, por una ruptura familiar.
Pero hay ocasiones en las que una separación hace sentido y puede ser perfectamente válida, negociada y adecuada. Los proyectos personales pueden ir variando, y puede llegar el momento en que alguien busque desarrollar cosas por su cuenta. En esas circunstancias se puede separar una familia o un miembro de ella. No es lo ideal, pero a veces tiene sentido.
La recomendación es hacerlo de manera anticipada: platicar, dialogar y negociar en las mejores condiciones posibles, dejando puertas abiertas. Ésta es la clave; ya que, si se deja la puerta abierta, siempre habrá posibilidad de tener una reunión, regresar, volverse a encontrar e incluso, apoyarse en los negocios que se van emprendiendo.
Por eso hay una pregunta que toda familia empresaria debería poner sobre la mesa: ¿por qué estamos juntos en este proyecto?
Si es forzado, no es bueno y no va a acabar bien. Si están claras las condiciones, los compromisos y los ideales por los cuales se quiere trabajar todos juntos, y se refuerza constantemente ese compromiso, el resultado puede ser muy distinto.
Cada familia y cada persona lo tiene que decidir. Así es que trascender generaciones implica renovar el compromiso, contribuir, cuidar lo recibido y entregarlo en las mejores condiciones posibles. Y si llega el momento de separarse, hacerlo anticipadamente, mediante el diálogo y la negociación, evitando que la separación destruya el valor de la empresa y cierre las puertas a los miembros de la familia.
Ricardo Aparicio Castillo
Director del Centro de Investigación para Familias de Empresarios en IPADE Business School.
Te invitamos a escuchar el nuevo episodio de nuestro podcast Ruta TyT:













