La gestión de riesgos es un factor determinante para que las empresas de autotransporte puedan mantenerse en operación, crecer y adaptarse a escenarios cada vez más complejos, señaló José Carlos Ortiz, socio de Gobierno Corporativo, Riesgo y Cumplimiento de ASG Risk, al explicar que este proceso consiste en anticipar aquellos eventos que pueden afectar la estrategia y la continuidad del negocio, especialmente en una industria tan expuesta como la transportista.

“El objetivo no es adivinar el futuro, sino estar preparados para seguir operando cuando algo ocurre”, indicó el especialista durante su participación en el podcast Ruta TyT, ya que anticipar amenazas, fortalecer la resiliencia y tomar decisiones informadas marca la diferencia entre resistir o desaparecer.

Y enfatizó que identificar riesgos financieros, operativos, de seguridad y reputacionales no sólo reduce pérdidas, sino que también abre oportunidades para construir organizaciones más sólidas de cara a 2026.

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“El concepto clave hoy es la resiliencia: la capacidad de seguir operando cuando ocurre algo inesperado”, afirmó Ortiz, recordando que la pandemia evidenció cómo muchas empresas no estaban preparadas para enfrentar una disrupción de gran escala, mientras que otras lograron mantenerse activas gracias a planes de continuidad y adaptación.

El especialista subrayó que uno de los errores más comunes es minimizar los riesgos o verlos únicamente como un tema de cumplimiento normativo.

“En gestión de riesgos no se vale decir ‘no sabía’. Verlos sólo como un requisito de compliance ha sido fatal para muchas organizaciones”, advirtió.

Por el contrario, señaló que identificar riesgos también puede convertirse en una ventaja competitiva, al permitir anticiparse y capitalizar oportunidades.

Para 2026, Ortiz destacó que las empresas transportistas deberán considerar un contexto internacional especialmente complejo, marcado por la renegociación del T-MEC, posibles aranceles y una política comercial volátil en Estados Unidos.

A estos factores se suman riesgos globales como el cambio climático, cuyos efectos —heladas, nevadas o fenómenos extremos— pueden paralizar rutas clave de transporte, así como las crecientes exigencias en materia de ASG (ambiental, social y de gobierno corporativo). Cada vez más clientes y stakeholders demandan flotillas más eficientes y sustentables, lo que obliga a las empresas a replantear su estrategia operativa y de inversión.

Mientras que en el ámbito local, identificó tres riesgos críticos para el autotransporte en México: la inseguridad, la infraestructura carretera y la escasez de operadores. El robo de carga, los daños a unidades y operadores, así como el impacto reputacional de los incidentes, obligan a modificar rutas, horarios y esquemas de operación.

A ello, agregó, se suma el deterioro de carreteras, que incrementa costos de mantenimiento, y la dificultad para encontrar operadores calificados, un problema que se ha vuelto estructural.

El experto enfatizó que la gestión de riesgos involucra a toda la organización, desde la dirección general hasta las áreas operativas. Aunque algunos riesgos tengan mayor impacto financiero, otros afectan la reputación, el capital humano o la continuidad del negocio.

“Los riesgos están interconectados; uno detona al otro”, explicó.

Finalmente, Ortiz destacó que un programa sólido de gestión de riesgos no debe verse como un gasto, sino como una inversión que reduce pérdidas económicas, protege la reputación, disminuye la siniestralidad, mejora el acceso a financiamiento y fortalece la sostenibilidad del negocio.

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