Ernesto escucha en la radio que un colega reporta bloqueos carreteros en distintas partes de Guanajuato. Agricultores, proveedores y uno que otro transportista se organizaron para expresar sus reclamos. Aquí, el operador llega al punto de quiebre, donde ya no hay retorno. 

Detrás de él vienen tantos vehículos que se aparcan inmediatamente y de pronto la fila ya es imposible, pues en realidad aún no se sabe la razón y menos la duración del cierre. 

Igual Ernesto no tiene opción, así que lo toma con optimismo y apaga el camión para bajar a estirar las piernas y fumar un cigarro. Todavía, ingenuo, piensa que será cuestión de una hora, máximo. 

Transporta componentes eléctricos para una planta armadora de vehículos en el Bajío. Sabe que no tiene margen de maniobra y debe llegar a más tardar, a las seis de la tarde: van a ser las dos y está a media hora de su destino. Se preocupa, pero no tanto. 

Avisa a la empresa, pues ya es bien sabido que si llegan tarde, los penalizan y, de haber sido negligentes, les descuentan a ellos la multa, así que manda su ubicación y justifica su potencial retraso. 

La empresa, a su vez, avisa al cliente, empresa que suele ser flexible con temas ajenos a la operación, pero que, sin duda, los mete en complicaciones, pues gran parte de su inventario es móvil y está en carretera: el just in time. 

Una hora después se entera que los bloqueos carreteros organizados en distintas ciudades van para largo; le tranquiliza que su empresa ya lo sabía, pero también sabe que las consecuencias no serán menores. 

En tanto, la fábrica de vehículos que no tendrá esos componentes sabe que debe ajustar los tiempos: aunque tiene componentes para las próximas 48 horas en sus dos turnos, los que no llegarán esta tarde provocarán un retraso en sus líneas de producción. 

No saben cuánto tiempo tardarán en llegar así que activan un protocolo para no detener la producción, pero esto, a su vez, tiene implicaciones con los pedidos, los tiempos de entrega y, por supuesto, su compra final. 

Te recomendamos: ¡Delegar no es desentenderse, pero hay asuntos que no se sueltan así nomás!

El tema, les explicaron, es que cuando los bloqueos son tan seguido y duran mucho tiempo, sí se corre el riesgo de parar las líneas de producción. Los inventarios, las entregas, exportaciones y toda la cadena logística se ven afectados. 

Cuando Ernesto dimensionó el tamaño del problema, entendió que no es nada más cerrar una carretera, sino que hay empleos y personas que dependen de estos fenómenos. 

En tanto, él continuó platicando con otros conductores sobre el clima, los derechos a manifestarse, las complicaciones y todo eso que suele platicar en medio de los bloqueos carreteros, pero seguirá, igual que nosotros, Al Lado del Camino.

Te invitamos a escuchar el episodio más reciente de nuestro podcast Ruta TyT: