La historia de Logística GroLAr tiene una serie de antecedentes que acaso habrían sido la premonición de su existencia, pero en realidad se trata de una historia de pareja: un noviazgo que luego fue matrimonio y ahora una sociedad corporativa. 

Gabriela López Pérez trabajó como contadora para un operador logístico durante muchos años. Ahí aprendió gran parte del negocio logístico y se despertó la inquietud de, algún día, emprender su propio proyecto. 

Por otro lado, Carlos Arellano trabajó desde siempre para grandes empresas de transporte, además de que en su familia había de todo: carroceros, mecánicos, transportistas. Aprendió el negocio desde antes. 

Así que se conocieron y unieron sus vidas, primero, en el lado personal, y después, también en lo profesional. Mientras cada uno continuaba con su empleo, juntaron sus ahorros y empezaron a escribir esta historia: Logística GroLAr. 

El nombre es particular, ya que se trata de una especie de oso, cuya principal cualidad es la resiliencia, pues se adapta y sobrevive, además de que esas L y A que se escriben en altas son las iniciales de sus apellidos. 

Cuando empezaron a buscar el primer camión no les fue fácil, ya que los planes de financiamiento no se adaptaban a sus necesidades, hasta que encontraron un Mitsubishi. 

Así comenzaron hasta que ambos se quedaron sin empleo. Justo en ese instante consideraron la posibilidad de enfocarse de lleno en la operación del negocio: él manejaría y ella se encargaría de la parte administrativa. 

Como ventaja, ya conocían el negocio y sabían cómo funcionaba la prospección de clientes, aunque también les costó trabajo, pero en el nombre de la empresa ya habían inyectado el ADN de la compañía. 

Su operación comenzó en la Aduana del aeropuerto capitalino y después en el AIFA, pero no fue fácil, ya que si bien los trámites son sencillos, las conexiones son complicadas, pues se trata de un nicho muy especializado y en el que las empresas guardan mucho recelo de su operación. 

Y de a poco han ido sorteando las inclemencias del sector, empezando por la pandemia y ahora con los aranceles. Aunque han estado tentados a tirar la toalla, no se rinden y siguen trabajando. 

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Una de las decisiones más importantes que han tomado fue dejar a su principal cliente, sobre todo por temas de seguridad, ya que la operación estaba muy comprometida. 

Y desde su trinchera, como pequeña empresa de transporte han trabajado en pequeños esfuerzos para generar comunidad en el sector, a través de foros, diálogos y proyectos de la propia Canacar, para intercambiar buenas prácticas y ayudar a otros colegas. 

Este joven matrimonio y joven emprendimiento tiene grandes planes, pero saben que hay que seguir trabajando y sorteando los retos de cada día. 

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