El autotransporte de carga en México atraviesa un punto de inflexión. Por un lado, la exigencia de las cadenas de suministro globales demanda mayor eficiencia y seguridad en las carreteras; por el otro, la industria enfrenta un déficit histórico de operadores calificados que ronda los 100,000 conductores en el país. 

Ante este escenario, la capacitación deja de ser un simple trámite para convertirse en un pilar estratégico de supervivencia económica.  En el centro de esta transformación se encuentra el Cecati 73, institución que se ha posicionado como el primer centro público en la Ciudad de México autorizado por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) para impartir la especialidad de formación de operadores de autotransporte de carga.  

En entrevista para TyT, Claudia Fabiola Arróniz Méndez, directora del plantel, analiza los retos, la visión y la urgencia de revalorizar el oficio de quien sostiene la logística del país.

Un perfil que exige más que saber manejar

«El reto principal al diseñar e impartir estos cursos no es sólo enseñar a mover una unidad de 20 o 40 toneladas; es profesionalizar integralmente al operador», explicó Arróniz.

Para la directora del Cecati 73, la formación de un conductor de tractocamión moderno va mucho más allá del dominio de la caja de velocidades o las maniobras en patio. 

Los programas académicos actuales han tenido que evolucionar para incluir competencias clave como manejo defensivo y seguridad vial para trabajar en la reducción de la siniestralidad mediante el análisis de riesgos y la anticipación en carretera.

También en la conducción eficiente para un uso óptimo del tren motriz y disminuir el consumo de combustible y reducir la huella de carbono.

La operación de simuladores y familiarización con sistemas de frenado electrónico, diagnóstico a bordo y asistentes de carril, así como el factor humano y salud son parte medular de un programa integral de capacitación.

Muros por derribar: los retos de la oferta formativa

Implementar cursos para este perfil en un entorno urbano como la Ciudad de México no es tarea sencilla. Fabiola Arróniz señala que uno de los mayores desafíos para las instituciones educativas es la alta inversión en infraestructura. 

Contar con patios de maniobras adecuados, simuladores de manejo y, sobre todo, unidades reales para las prácticas requiere de alianzas sólidas entre el sector público y la iniciativa privada (como armadoras y cámaras de transporte).

A esto se suma el reto cultural: dignificar la profesión. «Durante años, el oficio de operador se transmitió de forma empírica, de generación en generación, a menudo acompañado de estigmas y condiciones laborales complejas. Hoy debemos ofrecer una ruta académica clara que les otorgue certeza jurídica, un certificado oficial y un sentido de orgullo profesional», enfatizó.

La falta de operadores no es sólo un problema de las empresas de transporte, ya que se trata de un freno para la economía nacional. Un camión detenido por falta de conductor representa mercancía que no llega a los anaqueles, insumos paralizados en las fábricas y pérdidas operativas millonarias.

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Para Arróniz, el Cecati 73 busca ser una cantera constante que ayude a cerrar esta brecha, abriendo la puerta no sólo a jóvenes que buscan su primer empleo formal, sino también promoviendo activamente la inclusión de mujeres en un sector tradicionalmente masculinizado.

“Cada operador que sale capacitado con una certificación oficial no sólo obtiene un trabajo digno y bien remunerado, sino que se convierte en un agente de seguridad en las carreteras y en un motor para la economía del país”, concluyó Fabiola Arróniz.

La apuesta está sobre la mesa: ante la escasez de talento al volante, la respuesta no es acelerar el paso sin control, sino invertir en las aulas, los simuladores y las personas que mueven a México.

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