Durante los últimos años, gran parte de la conversación sobre vehículos automotores, ha sido acerca de la descarbonización, y el transporte pesado no ha sido la excepción, y mucho se ha centrado en una tecnología: los vehículos eléctricos.
Sin embargo, poco se ha hablado de otra tecnología que también está en pugna: el hidrógeno.
Y es por eso que existe otra pregunta aparentemente simple e inofensiva: ¿qué tecnología dominará el futuro, los vehículos eléctricos de batería (BEV por sus siglas en inglés) o los impulsados por hidrógeno?
La pregunta genera debates, inversiones multimillonarias y titulares frecuentes. Sin embargo, conforme la industria madura y las pruebas en condiciones reales aumentan, comienza a ser evidente que quizás estamos planteando mal la discusión.
La verdadera pregunta no es cuál tecnología va a ganar. La verdadera pregunta es: ¿qué tecnología resuelve mejor cada operación?
En el caso de los BEV, tienen una eficiencia difícil de ignorar. Si analizamos únicamente la eficiencia energética, los vehículos eléctricos de batería tienen una ventaja contundente.
La energía eléctrica se almacena directamente en baterías y se utiliza para mover el vehículo con pérdidas relativamente bajas. En términos simples, una mayor proporción de la energía generada termina convirtiéndose en movimiento.
Esta ventaja ha impulsado el crecimiento de los BEV en aplicaciones urbanas y regionales, donde las rutas son predecibles, los recorridos diarios están controlados y existe la posibilidad de recargar durante periodos programados.
Además, la simplicidad mecánica de un tren motriz eléctrico ofrece beneficios potenciales en mantenimiento y confiabilidad; sin embargo, los desafíos siguen siendo relevantes: peso de las baterías, tiempos de carga, infraestructura eléctrica y capacidad de operación en trayectos de larga distancia (algo que, con algunas de las nuevas propuestas de vehículos de gas natural, podría representar una mejor opción).
Por otro lado, el hidrógeno es menos eficiente, pero más flexible. Enfrenta un desafío técnico importante, para mover un vehículo mediante una celda de combustible es necesario producir hidrógeno, comprimirlo, transportarlo, almacenarlo y posteriormente convertirlo nuevamente en electricidad dentro del vehículo. Cada etapa implica pérdidas energéticas.
Desde una perspectiva estrictamente energética, las baterías son más eficientes.
Pero el transporte pesado no siempre premia únicamente la eficiencia. El hidrógeno ofrece ventajas potenciales donde los BEV encuentran mayores dificultades, tales como: recorridos de larga distancia, cargas pesadas, tiempos mínimos de recarga, operaciones continuas con pocas ventanas de recarga.
Por ello, muchas empresas continúan apostando por esta tecnología para ciertos segmentos del transporte de carga.
Para este momento, estarán ustedes pensando. “claro, ¿y la infraestructura? ¿cómo voy a cargar el H2?” o también dirán: “Pero si hay pocas electrolineras”. Es por esto que le infraestructura es la que tendrá más poder de decisión, más allá que la tecnología.
Existe una tendencia natural a centrar la discusión en los vehículos, cuando probablemente la verdadera batalla se está librando en este lugar que es la infraestructura.
Los mejores camiones del mundo sirven de poco sin energía disponible.
Hoy, la red eléctrica ya existe, aunque requiere importantes inversiones para soportar flotas pesadas electrificadas. Por otro lado, la infraestructura de hidrógeno aún se encuentra en etapas tempranas en prácticamente todo el mundo.
La velocidad con la que estas redes evolucionen será tan importante como los avances tecnológicos de los propios vehículos.
Cuando observamos los proyectos piloto y las inversiones actuales, aparece una tendencia interesante. Los BEV, además que están de moda en los vehículos de uso personal, en la carga, están encontrando una adopción relativamente rápida en algunas aplicaciones como en: distribución urbana, operaciones regionales, puertos, centros logísticos.
Mientras tanto, el hidrógeno, en los países donde tiene alguna presencia, sigue concentrando esfuerzos en: transporte de larga distancia, aplicaciones de alta utilización, operaciones donde el tiempo de recarga representa una limitación importante.
Más que una competencia frontal, comienza a parecer una especialización de funciones.
La industria del transporte tiene una larga historia de intentar encontrar «la» solución definitiva. Pero la realidad operativa suele ser más compleja. No todas las rutas son iguales, no todas las cargas son iguales y no todas las flotas tienen los mismos objetivos.
Pretender que una sola tecnología resolverá todas las necesidades del transporte pesado podría ser tan equivocado como pensar que todos los camiones deberían tener la misma configuración.
Es por eso que aquí, el verdadero ganador será: el TCO
Al final, ninguna tecnología ganará por argumentos ideológicos, ganará la que entregue el mejor resultado económico para cada aplicación. La variable decisiva seguirá siendo el Costo Total de Propiedad (TCO): costo energético, disponibilidad, infraestructura, mantenimiento, valor residual y productividad de la unidad, porque al final del día, los transportistas no compran tecnologías, compran capacidad de mover carga de manera rentable.
Tal vez dentro de algunos años descubramos que el futuro del transporte pesado no pertenece exclusivamente a las baterías ni exclusivamente al hidrógeno, ni exclusivamente al diésel o al gas natural. Tal vez descubramos que todas estas tecnologías eran necesarias.
Los vehículos eléctricos de batería podrían dominar ciertos segmentos. El hidrógeno podría consolidarse en otros. Y los motores de combustión interna podrían seguir desempeñando un papel importante durante muchos años más.
Por eso, en 2026, la pregunta más útil para una flota no es «¿BEV o hidrógeno?». La pregunta correcta es: ¿cuál es la tecnología adecuada para mi operación?
Y esa respuesta, como casi siempre ocurre en el transporte, no se encuentra en el laboratorio. Se encuentra en la ruta.
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Acerca de José Gutiérrez: es el socio fundador de la firma de consultoría HIGHPERCONS, la cual se enfoca en diseño de estrategias, eficiencia de flotas y manejo óptimo de talleres y Director de Enlace Industrial para NACFE LATAM.
Para ahondar en temas de mantenimiento y/o gestión de flota, pueden contactarlo en jose.gutierrez@highpercons.com o jose.gutierrez@nacfe.org
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