Hay quienes están en el transporte por tradición familiar y otros porque es ahí donde terminaron encontrando su lugar. Jahaziel llegó siguiendo ambos caminos.
Desde niño le apasionaba todo lo que tuviera un motor y, con el tiempo, los camiones no fueron la excepción. Alguna vez incluso tuvo un sueño infantil de convertirse en operador de una de las pipas del creciente negocio de su padre, el cual con los años se convertiría en Grupo Ginez.
Apenas salió de la carrera de Administración Financiera cuando, impulsado por su progenitor para devolverle a esta empresa familiar todo lo que le había dado durante su formación, se incorporó al negocio, asumiendo la Dirección General, luego de que su papá le confiara las decisiones de la organización.
De eso han pasado siete años, y Jahaziel reconoce que cuando tomó esta responsabilidad, estaba lleno de entusiasmo pero aún era inexperto y descubrió rápidamente que el transporte era mucho más complejo de lo que había imaginado.
El core de Grupo Ginez no es precisamente este sector, pues la compañía fundada hace 43 años por su padre, está enfocada principalmente en la fabricación y venta de productos de limpieza; sin embargo, el transporte llegó por inercia, casi de la misma forma en que Jahaziel llegó a esta industria.
Y es que con el volumen que esta compañía tenía, se convirtió en distribuidor de sus productos y de materias primas químicas, a través de Cloro de Hidalgo, filial donde reside la división de transporte pesado.
Fue justo en esta área en la que Jahaziel se encontró con los desafíos más complejos, pero también con las oportunidades: “El transporte es una división secundaria del grupo y no era visto como un negocio que tenía que ser rentable”, comenta.
Así, el joven empresario comenzó a cuestionar decisiones que nunca antes se habían medido en la empresa: consumo de diésel, utilización de unidades, planeación de rutas, productividad de la flota y de los propios operadores. “Y me di cuenta de que ahí teníamos un boquete”, expresa.
Recuerda que le pareció tan retador que hubo momentos en los que estuvo a punto de decidir deshacerse de la flota y tercerizar el transporte; sin embargo, su ya mencionada pasión motor lo llevó a querer aprender más sobre las configuraciones, rendimientos y cómo utilizarlos a su favor.
“Al final, por esa pasión dije: no, hay que aguantar, quiero intentar, poner esto en orden y aprender a controlarlo antes de tomar una decisión tan drástica”, comparte en entrevista para TyT.
Así, poco a poco impulsó una cultura basada en datos en Cloro de Hidalgo: “Cuando empezamos a mapear las rutas y a sacar costos que antes no teníamos, el negocio funcionó con mejores números”.
Uno como joven tiene esas ganas de innovar, de transformar, de dejar huella y de construir su propio legado”, Jahaziel Ginez.
Sin dar un paso atrás
Aunque revisar indicadores de operación dio sus frutos de eficiencia, no todo fue sencillo. En esta labor, Jahaziel detectó una problemática que requirió la instalación de cámaras en los camiones. No fue una medida popular entre sus conductores, al grado de que amenazaron con detener toda la operación.
Y si bien hasta su padre le aconsejó quitar esta tecnología, Jahaziel fue firme, convencido de que, si cedía, estaría sometido a las condiciones de los operadores cada vez que quisiera implementar una mejora: “Le dije a mi papá: tú me dijiste que me apoyarías en las decisiones y ésta es una de ellas. No pienso dar un paso atrás”.
Mantener esta postura le ayudó a ganar terreno en el negocio y en la relación con sus colaboradores, incluso a pesar de su juventud. De hecho, destaca que no le son ajenas las problemáticas de los conductores y promueve entre ellos una vida saludable y con equilibrio entre trabajo y familia: “He tratado de meterme a las tripas, al corazón del transporte para entender sobre todo la parte humana”.
Jahaziel Ginez señala que este tipo de decisiones es inherente a las nuevas generaciones que llegan al sector y que apuestan por la digitalización y la actualización: “En esa parte creo que la juventud se vuelve una gran cualidad”.
En este sentido, reconoce que en el transporte los jóvenes empiezan a dejar huella y aunque es una industria que requiere carácter les aconseja: “No se desanimen, hoy más que nunca se necesita talento, profesionalización e innovación”.
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