La luz roja del tablero parpadea rítmicamente, iluminando el rostro de José Antonio Muñoz, un operador de 45 años que lleva más de diez horas conduciendo sin parar. Está cerca de su destino. Tal vez.
Al mismo tiempo, la voz rasposa de otro operador suena por el radio de la banda civil:
—Te lo digo, Toño. Manejar por ahí a las tres de la mañana es de locos. Ya casi nadie se atreve a pasar por ahí de madrugada.
Él no hace caso. Aprieta el volante y fija la vista en el camino, hasta donde los faros de su tracto logran iluminar. Desde el principio supo que la empresa que ahora lo emplea era de las que tomaban viajes que nadie más quería hacer.
“Somos una empresa joven, nueva, y no podemos dar el lujo de negar el servicio. Hay que picar piedra hoy para que mañana tengamos clientes satisfechos y, eventualmente, nos puedan dar mejores cargas, mejor pagadas y, sobre todo, más seguras”, le habían dicho cuando lo contrataron, seis meses atrás.
Su paga, en tanto, era buena, mucho más competitiva que el promedio, pues el riesgo también era mayor. Sin embargo, la zozobra nunca faltó, pues más de una vez pensó que no la contaría.
En la empresa en la que trabaja tienen mucho diálogo con los dueños, pues están conscientes de que no es fácil hacer fletes en las zonas rojas y tener que llegar antes de la puesta del sol.
Toño les cuenta, los aconseja y, en muchos casos, les propone cuál es la mejor manera de hacer una ruta, pues en gran parte del riesgo lo lleva él, con el camión y las cargas.
“Las empresas grandes tienen contratos seguros. Si queremos crecer, tenemos que competir por precio y hasta por temerarios. Aunque sean fletes de riesgo, en realidad estamos ganando la posibilidad de tener toda la carta de esas empresas para el próximo año”, agregó su jefe justo el día en que platicaron por primera vez.
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El camión avanza por un tramo sin luminarias. Toño calcula la ruta, toma un sorbo de café, se frota los ojos y continúa. El motor ruge, pero el camión va pesado. Sabe que no debe detenerse, al menos no por ahora.
Sabe que así es el negocio, el sector y la carretera. El riesgo también tiene un precio y es por eso que sigue manejando, pues no pierde la esperanza de llegar a su destino y continuar, igual que nosotros, Al Lado del Camino.
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