Apenas dan la orden de viaje y ella ya está lista. En su ProStar ya tiene ordenados sus zapatos, su ropa, unos refrescos, alguna botana y lo más importante en cada uno de sus viajes: el CB. La Cordobesa mete primera y toma el camino que habrá de llevarla a cada rincón del país.
Así lo cuenta ella, sincera, directa y espontánea como lo deja ver su personalidad. Es una operadora de doble semirremolque. Transporta cervezas de aquí para allá y de allá para acá. Su clave en el CB, su apodo en los caminos y hasta su perfil de Facebook indican su origen: Córdoba Veracruz.
“Cuando hago una entrega o cuando me paran los federales, todos se sorprenden cuando ven que una mujer maneja un full. Eso a mí me llena de orgullo porque este trabajo es bien difícil. No solo hay que saber conducir un camión con doble caja, sino también hay que saber cómo batallar con un gremio de hombres”.
Teresa Rodríguez sabe cómo lidiar con sus compañeros, con la colegancia y con las autoridades. Ha escuchado y visto de todo: desde los que le gritan que debería regresarse a la cocina de su casa hasta quienes le piden una selfie para presumir que conocieron a la Cordobesa. Y es que poco se sabe de otras mujeres que se dediquen al volante.
“Yo he escuchado de otra mujer operadora, pero no la conozco. Seguro debe haber más. Debería haber más, pero hay que ir picando piedra para abrirles camino. Yo no creo en esas frases de ‘me hubiera gustado hacer esto o aquello’, yo soy de las que hacen todo lo posible para que suceda. Por eso fue que me enseñé a manejar un camión, y además con full”.
Su historia en el camino empezó hace seis años. Su hijo y su ex esposo –también operadores– le enseñaron a manejar un camión. La determinación siempre la ha tenido. Los contactos de Aldo –el papá de sus hijos– facilitaron su ingreso al sector. Estuvo trabajando un tiempo para algunas empresas hasta que llegó a Transportes Kugar del Papaloapan, firma que ofrece servicios de carga regular con base de operaciones en Tuxtepec, Oaxaca.
En Kugar, relata, se ha desarrollado personal y profesionalmente, ya que es como su tercer hogar: el segundo es su camión. La empresa contrata a más de 350 operadores, todos hombres, y la convivencia es así, de hombres. Los dormitorios, los baños, los espacios de recreación, todo está diseñado para ellos. Ella sabe qué hacer y cómo desenvolverse. Ha sabido ganarse el respeto de sus compañeros, ya que si bien puede haber una relación cordial y de camaradería, también es amable respetuosa.
A diferencia de los espacios que un operador frecuenta en los trayectos. En las cachimbas, por ejemplo, La Cordobesa también es conocida, pero nunca falta algún colega que quiera faltarle al respeto o que la vea feo por el simple hecho de ser mujer y “atreverse” a compartir un espacio que es de puros hombres. Ella no le da importancia: come, bebe, descansa y toma su camino.
Cada uno de sus logros los dedica a la memoria de su madre, quien, asegura, estaría muy orgullosa de ella. Hoy vive con su hija de 18 años, que acaba de entrar a la universidad y si algún día quisiera seguir los pasos de la Cordobesa, contaría con todo su apoyo. “Mientras, a estudiar. Ya le dije que primero me acabe la carrera y ya luego vemos”.
A sus 40 años, Teresa la Cordobesa Rodríguez aún tiene muchos planes y dice que no descansará hasta lograrlos: “Mis metas en la vida son dejar huella y disfrutar lo que hago. No hay sueño que no realice. Lo que hay son límites, porque en esta vida no tienes ni más ni menos de lo que ocupas para ser feliz”.
Ella quiere hacer una película y está terminando de escribir un libro. Quiere contar su historia. Su intención es motivar a todas las mujeres que no se han atrevido a buscar y a construir sus sueños, a las que siguen esperando que la vida les dé un giro o la felicidad les caiga del cielo. La Cordobesa quiere ser un ejemplo de superación personal y profesional. Y en sus propias palabras, de aquí hasta que cumpla 55 seguirá rodando y haciendo historia en esta remota autopista del sur.













