El pasado 1° de abril de 2026, Héctor Alonso Romero Gutiérrez fue nombrado como el nuevo titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), en sustitución de Rafael Marín Mollinedo, como lo dio a conocer la presidenta Claudia Sheinbaum, quien también detalló en conferencia matutina que, algunas de las responsabilidades principales a su cargo son seguir aumentando la recaudación, pero también digitalizar los procesos de las aduanas, dotándolas de más y mejor tecnología para agilizar y eficientar los trámites y gestiones que, en materia de comercio exterior, se llevan a cabo ante el Servicio de Administración Tributaria, Aduanas, Secretaría de Economía y demás dependencias del gobierno, teniendo como objetivo implementar una sola base de datos de comercio exterior.
Sin duda, el objetivo es claro, pero cobra relevancia cuestionarse ¿verdaderamente la digitalización solucionará la crisis que actualmente padecen las aduanas de nuestro país? Y es aquí donde se abre el debate, dado que estamos en un momento crucial para nuestro comercio exterior, derivado de la entrada en vigor de la reforma a la Ley Aduanera y del contexto internacional que enfrentamos.
En este sentido, si bien el nuevo titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México cuenta con experiencia probada en la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones como director general de Políticas de Telecomunicaciones, lo cierto es que el reto de la transformación digital de la ANAM es grande.
Para cumplir con la meta, y en consecuencia eficientar los procesos aduaneros, facilitar el comercio exterior y lograr verdaderamente digitalizar la operación aduanera, se requiere que la ANAM cuente con personal con experiencia probada en la operación y legislación aduanera, logística e incluso, transporte, lo cual me parece es urgente y apremiante.
Desde mi perspectiva, en las reuniones y mesas de trabajo que celebraron funcionarios de la Secretaría de Hacienda, de la ANAM y el SAT, en conjunto con las cámaras y asociaciones representantes de la industria, previo a la aprobación de la reforma, quedó en evidencia el gran desconocimiento de la autoridad aduanera en temas netamente operativos que son de gran impacto para los importadores, exportadores, agentes aduanales y transportistas, mismos que, a pesar de los argumentos y fundamentos expuestos, no fueron debidamente abordados en la reforma a la Ley Aduanera, es decir, aún no logramos alinear la normativa con el flujo de la operación.
Aunado a lo anterior, para digitalizar los procesos y procedimientos aduaneros en tiempo y forma, los recursos tanto económicos, técnicos y humanos destinados para tal efecto, deben invertirse de una forma óptima y adecuada, que exista una rendición de cuentas y de avances reales y concretos, en donde verdaderamente exista una continuidad, y sobre todo, dejar de politizar este tema, pues ante hechos recientes como el destape de la red del “huachicol fiscal”, las aduanas han sido objeto de una especie de moneda de cambio, en donde la facilitación aduanera va en detrimento.
Ante este escenario, es de vital importancia que el sector privado tenga un canal de comunicación abierto y permanente con la autoridad fiscal y aduanera tanto a nivel federal como local.
Aun y cuando la reforma ha entrado en vigor, mientras exista disposición y voluntad de ambas partes, una técnica jurídica, experiencia en la operación, recurso económico y humano, así como participación de todos los actores de la cadena de suministro, podrán conseguirse avances significativos y eficientes para lograr la digitalización de las aduanas y facilitación aduanera. De eso no tengo duda.
Brenda Ángeles Romero
Abogada especialista en comercio exterior en CASADUANA
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