Es común para muchos directivos darse cuenta de que algunas áreas al interior de la empresa, si bien les toca trabajar en conjunto, no necesariamente conviven y se conocen. En muchas ocasiones, el contacto solo se hace vía correo electrónico o, en el mejor de los casos, una llamada telefónica, pero esto no necesariamente implica una convivencia real. 

Actividades para disminuir el impacto que tiene esta convivencia a medias existen muchas y muy variadas, pero no todas ellas están pensadas para lograr una interacción que trascienda lo social y tenga un impacto significativo en la persona. 

Recientemente, un colega me comentó que enfrentaba un reto de este tipo. Le propuse que realizara un ejercicio conversacional en el que todos los participantes se hablaran y escucharan por igual. El diseño de la sesión que le sugerí partió de algo denominado World Café y su base conversacional en un concepto denominado Indagación Apreciativa. 

Esta “otra IA”, de nombre Indagación Apreciativa, nos reta a cambiar el paradigma en las organizaciones, alejándonos de observar para luego “resolver” problemas, y acercándonos a apreciar, haciendo del conocimiento de todos lo que sí está funcionando en la organización.

En palabras del Champlain College: “Todo comienza con un cambio sencillo pero poderoso: hacer preguntas que ayuden a las personas a ver qué funciona, qué es sólido y qué merece la pena desarrollar. En lugar de centrarse en las carencias y deficiencias, invita a las personas a conversar sobre sus fortalezas, éxitos y posibilidades”.

World Café: de la idea al diseño

Eli Goldratt coescribió con Jeff Cox en 1984 el libro La meta, donde entre otras cosas, resalta la importancia de que en todo proceso deben existir restricciones, es decir, los límites que tiene el sistema o individuo. 

En cuanto a límites, World Café siempre debe asegurar a sus participantes que la sesión estará libre de distracciones. Hoy que tenemos tanta tecnología a nuestro alcance, debemos asegurar que ésta no será un distractor, así que, por diseño, todo dispositivo tecnológico que pueda distraer debe estar fuera de las mesas de la sesión.

Lo anterior, en casi 20 años que lo he llevado a la práctica, siempre ocasiona conmoción inicial a los participantes. En una ocasión, hace 17 años, el grupo de facilitadores con quienes realicé la sesión para la Asociación “Los Ángeles Universal PreSchool”, tuvimos que programar un espacio llamado “Blackberry breaks”, que consistía en recesos para que los integrantes revisaran sus equipos. Al final, todos los asistentes estuvieron muy agradecidos por haber sido dirigidos a ejercer algo cada vez más escaso en las organizaciones: la atención plena.

Las grandes ventajas que ofrece un ejercicio conversacional tan abierto como World Café, es que recibimos y damos conversaciones con calidad (libres de distracciones) y con calidez (nos interesamos realmente en las personas).

Todos alguna vez hemos escuchado la expresión “¡de qué talento nos perdimos!”, a veces con sentido del humor, al referirnos a alguien que demuestra un actuar sobresaliente en algo distinto a lo que se dedica, pero pocas veces nos cuestionamos ¿Qué talento tenemos en las organizaciones? 

¿Qué talento tenemos en las organizaciones?

Tal Ben Shahar, uno de los profesores mejor evaluados en Harvard, imparte desde hace años la asignatura Psicología Positiva. Ha sido tal su popularidad, que era muy difícil conseguir lugar en sus sesiones. 

En el año 2014, vino a México a dar una ponencia en la que explicó que una de las bases para tener una vida más plena, es que “debemos ser lo suficientemente observadores”. 

Con esa idea en mente, suele llegar la interrogante: ¿Cómo el ser mejores observadores puede convertirse en una aportación positiva para las organizaciones? 

En este sentido, el fundador de IPADE Business School, Carlos Llano Cifuentes, decía que “se debe dirigir viendo lo que los demás no ven”, y una manera de lograrlo al interior de las empresas es precisamente propiciando espacios como World Café con una buena base de Indagación Apreciativa que permita a las personas ser partícipes del diálogo con escucha activa y nitidez al conversar.

Será entonces cuando cada vez esté más lejana la pregunta “¿de qué talento nos perdimos?” y veamos más cercana la afirmación “qué talento tenemos en la organización”, porque ya los habremos conocido. 

Por: Carlos Tamez Nevárez, Profesor del área de Dirección de Personal en IPADE Business School.

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