Aunque Francisco Torres nació en la Ciudad de México, aprendió a manejar tractocamión en Chiapas, a los nueve años. Ésta, sin duda, es una gran historia de superación. 

A sus 47 años, “El Nómada” recuerda que se crió en las calles y que en su colonia había varios operadores que de cuando en cuando lo jalaban para que les ayudara en algún flete, para acoplar el remolque o acomodar las cargas. Le pagaban con comida y la propia experiencia de salir y conocer, viajar y aprender el oficio. 

Nadie le decía que no, así que andaba para todos lados y de regreso a su barrio, en la Ciudad de México, hasta un día en que un viaje lo llevó a Chiapas, donde a los nueve años empezó a mover el tracto, con una pericia tan natural que sorprendió a todos. 

Aunque ya sabía, tuvo que esperar y hacer todo: chalán, lavador, cuidador, cargador y lo que se ofreciera, siempre bajo la tutela y compañía de aquellos que fueron sus maestros hace más de 30 años. 

Creció conociendo el oficio, pero sin tener claridad sobre la vida, el futuro o las oportunidad que habrían de presentarse. Hasta que el pago por comida fue insuficiente y un colega le consiguió trabajo, pero no duró más que dos viajes, porque el patrón era más bien desconfiado y no quería arriesgarse empleando a un menor de edad. 

Otra experiencia, y lo mismo, con la licencia falsificada y mal salario, incluso con un accidente en el que el vehículo fue pérdida total y sintió que le cortaban las alas, pues al parecer no era tan bueno para este trabajo como él pensaba. 

Hasta que conoció a la señora Lucrecia Ramírez, quien junto con su esposa tenía una empresa de transporte, y a ella le pareció increíble que un muchacho tan joven y más bien menudito supiera manejar un camión tan grande. 

Y fue él quien le dijo que le diera la oportunidad, que lo pusiera a prueba. Y así fue como consiguió el trabajo que actualmente conserva. Su llegada a esa empresa coincidió con la llegada de su primer hijo. 

De hecho, fue la señora Lucrecia quien le dijo que lo veía como anémico, por flaco. Y eso le provocó su primer 10-28: El Anemias. Hasta que luego se lo cambió por “El Nómada” porque siempre andaba en movimiento. 

Cuenta que de los 30 años que lleva manejando formalmente, en su casa no ha pasado más de cinco, pues no se halla, su familia tampoco, y más bien el camión y la carretera son sus lugares. 

Aunque, claro, es un padre proveedor y pendiente de sus dos hijos, de su esposa y del hogar, pero el oficio lo ha hecho sentirse más cómodo detrás del volante. Y lo acepta. 

Y aunque así ha sido, también sabe que lo más difícil de su trabajo es la soledad del camino, pues si bien está acostumbrado, también hubiera preferido una vida familiar mucho más presente. 

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Además de la inseguridad, que con el paso de los años ha ido creciendo y haciendo más riesgosa la operación. 

En sentido opuesto, lo que más le gusta de su trabajo es que este oficio le ha permitido la posibilidad de construir un patrimonio para sus hijos, y lo ha hecho conociendo personas, lugares y distintas formas de pensamiento, lo que le ha servido para entender que el mundo es muy grande y es por eso que valora cada día.

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