México cuenta con una industria de vehículos pesados de clase mundial, estratégica para la actividad económica, la generación de empleos y la integración de cadenas productivas. En nuestro país se fabrican autobuses, camiones y tractocamiones con tecnología de vanguardia que circulan tanto en el territorio nacional como en otros 15 países.

Sin embargo, enfrentamos un fenómeno que requiere atención inmediata: el incremento exponencial de vehículos pesados usados provenientes de Estados Unidos. Estos vehículos están entrando al país con esquemas de subvaluación en el valor declarado y, en muchos de los casos, son unidades totalmente depreciadas, que ya concluyeron su vida útil con más de un millón de millas o que ya no cumplen con las revisiones de condiciones físico-mecánicas o ambientales y que, por ese motivo, salen de circulación en Estados Unidos, lo que genera importantes distorsiones en el mercado mexicano.

Los datos muestran la magnitud del desafío. Entre 2019 y 2022 se importaron 9,852 vehículos pesados usados, en promedio al año. Para 2023-2025, el promedio aumentó a 25,331 registros anuales. Tan solo el año pasado ingresaron 26,064 unidades de este tipo, triplicando prácticamente el número que se habían importado.

La proporción con respecto a las ventas en el mercado de vehículos nuevos es todavía más reveladora. En 2022, por cada 100 unidades pesadas nuevas vendidas, ingresaron de manera adicional 20.1 usadas; en 2023 fueron 38.2; en 2024, 51.1, y en 2025 la proporción alcanzó 65.4 usadas por cada 100 nuevas vendidas en México por la industria establecida en nuestro país. 

A junio de 2026 se mantuvo en un nivel elevado: 53.4 usados por cada 100 nuevos. Esta proporción tan grande de vehículos pesados importados pudo haberse producido y comercializado desde el país, generando un círculo virtuoso entre la inversión, la fabricación, el empleo y la derrama económica y, por el contrario, las unidades importadas usadas afectaron a estos cuatro componentes de la economía.

Este fenómeno ocurre, además, en un momento complejo para el mercado interno. Las ventas al menudeo pasaron de 58,293 vehículos nuevos en 2024 a 39,833 en 2025, mientras que durante 2026 se observa todavía una incipiente recuperación.

El verdadero debate debe centrarse en qué tipo de flota necesita México. Nuestro país requiere un autotransporte moderno, eficiente, seguro y sustentable. Sustituir flota por otras unidades usadas que ya acumularon años y millas de operación en Estados Unidos puede prolongar el envejecimiento de la flota en lugar de resolverlo, además de impactar el valor del patrimonio de los pequeños empresarios transportistas (hombres-camión) al afectar el precio del mercado de sus unidades al tratar de venderlas, hecho que se ha convertido en un cuello de botella que impide la compra incluso de vehículos nuevos.

Otro aspecto que debe atenderse es la correcta valoración en aduanas. Se han identificado vehículos que ingresan declarando valores hasta 10 veces inferiores respecto a referencias y precios del mercado interno. Por ello, se trabaja con las autoridades en el establecimiento de precios de referencia para determinar adecuadamente su valor en los cruces fronterizos.

Esto no representa una barrera al comercio. Se trata de garantizar condiciones equitativas; por lo mismo, es necesario seguir impulsando esquemas de financiamiento accesibles, garantías, incentivos fiscales y programas de chatarrización que permitan retirar efectivamente las unidades obsoletas y facilitar la adquisición de vehículos modernos.

México posee una ventaja que debemos aprovechar: contamos con una industria de vehículos pesados altamente competitiva, plantas productivas, proveedores, talento y capacidad tecnológica. El reto es lograr que esa fortaleza manufacturera también se refleje en nuestro mercado interno.

No se trata de cerrar el mercado a los vehículos provenientes de Estados Unidos. Se trata de ordenarlo, modernizarlo y garantizar condiciones de competencia equitativas.

Nuestro país necesita una flota moderna y transportistas más fuertes. Renovar nuestros vehículos pesados significa fortalecer la productividad, la seguridad vial, la sustentabilidad y, sobre todo, la competitividad de las empresas y del país.

Rogelio Arzate
Presidente Ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT).

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