La historia de las empresas familiares en México es el pan nuestro de cada día. Para dimensionar este fenómeno, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportan que el 99% de las pequeñas y medianas empresas (Pyme) en el país son emprendimientos de una o más familias, así como en las que las segundas o terceras generaciones mantienen la continuidad del negocio.
El fenómeno es claro y fácil de entender, ya que al tratarse del mismo núcleo familiar, éste absorbe los costos de operación, pues, en general, existe la confianza y conocimiento para delegarse las respectivas responsabilidades.
El o los problemas vienen después, cuando la poca institucionalización o la falta de procesos de estas empresas dificulta que haya una sucesión, por lo que es muy probable que desaparezcan luego de la partida del fundador.
Y, por supuesto, el autotransporte no es la excepción, ya que las empresas familiares en México también son de larga tradición en este sector, así que para asegurar su supervivencia y darle continuidad al proyecto familiar en el que se basa su negocio, deben superar distintos retos naturales en este tipo de organizaciones.
Platicamos con dos empresarias del transporte, pertenecientes a la segunda generación del negocio familiar, quienes enlistaron estos seis principales retos a los que se enfrentan sus empresas para dar el siguiente paso y seguir avanzando de la mejor manera.
- Planificación de la sucesión
Determinar cómo y quién tomará el mando tras el retiro o fallecimiento del fundador es uno de los mayores retos para garantizar la supervivencia del negocio.
En este sentido, la recomendación es considerar la experiencia, el conocimiento y la confianza de quien se hará cargo, ya que en muchas ocasiones este cambio se da por orden cronológico: el hijo mayor toma el puesto sólo por haber nacido primero que sus hermanos.
- Profesionalización de la gestión
Incorporar familiares en puestos clave sin la preparación adecuada o basarse en el parentesco en lugar de en las competencias técnicas necesarias es de los errores más comunes, y que en algún punto de la historia, podría representar un daño irreversible.
Justo por eso es importante considerar si el familiar tiene el conocimiento y la experiencia para un puesto determinado; de no ser así, lo recomendable es contratar a un profesional en el ramo.
- Separación de intereses familiares y empresariales
A menudo, los conflictos familiares se trasladan a la empresa y viceversa, lo que requiere crear protocolos para separar ambos ámbitos.
No es difícil, en la medida en que las reglas sean claras y cada integrante de la familia y la empresa sepan qué hacer ante tal circunstancia, se podrán evitar muchos problemas.
- Gestión financiera familiar vs. empresarial
Otro desafío importante es la falta de claridad en el manejo de recursos, ya que se utilizan fondos de la empresa para gastos personales y viceversa, lo que afecta la salud financiera de ambas partes.
“Cuando es un negocio pequeño se entiende, pues así funciona, pero para crecer es importante separar perfectamente los dineros de la empresa y de la familia. Sólo así se puede dar ese salto importantísimo para un futuro sano y sustentable”, afirmó una de las entrevistadas.
- Brechas generacionales
Justo cuando llegan las nuevas generaciones, el fenómeno más común es tener conflictos de visión, donde los fundadores buscan estabilidad y las nuevas generaciones buscan innovación, lo que puede causar dificultades en la adaptación al mercado.
Una vez más, la creación de protocolos, el desarrollo de herramientas de comunicación, la votación de los miembros y la proyección de cualquier decisión harán la diferencia entre dar ese salto o esperar un mejor momento, sin que alguna de las opciones sea en detrimento de la empresa.
- Comunicación y toma de decisiones
La falta de comunicación transparente y una toma de decisiones basada en emociones en lugar de la estrategia empresarial es, quizá, el desafío que cuesta más trabajo aceptar, pues es más común de lo que parece.
La transparencia, en este sentido, también se crea con protocolos, procesos y personas comprometidas con el flujo de la información, los canales, las herramientas y las formas de medirlo.
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