El alza en los precios del diésel a nivel global comienza a presionar con mayor fuerza los costos del transporte por carretera, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y ataques a infraestructura energética que han elevado las cotizaciones del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, advierte la Organización Mundial del Transporte por Carretera (IRU, por sus siglas en inglés).
En su análisis semanal, la organización destaca que, al corte del 20 de marzo, el encarecimiento del crudo —con el Brent manteniéndose en niveles elevados desde el 16 de marzo— ya se refleja en los mercados de combustibles, particularmente en el diésel, insumo clave para la logística y el autotransporte de carga.
Agrega que aunque la volatilidad en los precios internacionales ha disminuido en los últimos días, la tendencia alcista persiste, generando presiones diferenciadas por región y obligando a gobiernos a implementar medidas para contener el impacto.
Presión global en el diésel
De acuerdo con la IRU, en Estados Unidos, los precios del diésel han registrado el mayor incremento, con un alza de 33% desde el inicio del conflicto, en línea con el comportamiento del crudo West Texas Intermediate (WTI).
En Europa, el encarecimiento también es significativo. El precio promedio del diésel alcanzó los 2.1 euros por litro, con un incremento de 25% desde el inicio de la guerra, cinco puntos porcentuales más respecto a la semana previa.
España encabeza los aumentos dentro de la Unión Europea, con un alza de 35%, mientras que al menos nueve países ya registran precios superiores a los 2 euros por litro, entre ellos Alemania, Francia, Italia y Países Bajos.
El análisis advierte que las diferencias de precios entre países han detonado fenómenos como el “turismo de combustible”, generando congestión y episodios de escasez local en zonas fronterizas, aunque por ahora no se anticipa un desabasto prolongado.
En el Reino Unido, los precios del diésel aumentaron 17% en estaciones de servicio, mientras que en Noruega y Suiza los incrementos alcanzaron 23% y 12%, respectivamente.
En economías emergentes, el comportamiento ha sido más moderado. Brasil reportó un incremento semanal de 12%, acumulando un alza de 13% desde el inicio del conflicto.
En contraste, China e India han contenido parcialmente el aumento en los precios —con alzas de 11% y 5%, respectivamente— gracias a políticas de control más estrictas.
En el caso de China, las autoridades han solicitado a refinerías suspender exportaciones de diésel y gasolina para garantizar el abasto interno, además de mantener un esquema de ajuste gradual de precios que amortigua los impactos inmediatos en los consumidores.
Impacto en el transporte
El análisis de la IRU resalta que para el sector transporte, el incremento en el diésel representa un desafío directo en costos operativos, aunque hasta ahora el impacto ha sido contenido en algunas regiones.
Ante este escenario, varios gobiernos han comenzado a implementar medidas para mitigar el efecto del encarecimiento energético.
En Europa, países como Hungría, Italia y Eslovenia han reducido temporalmente impuestos a los combustibles, mientras que Croacia y Eslovaquia han optado por establecer topes de precios.
Portugal también ajustó el impuesto especial al diésel, aunque sin beneficios netos para los operadores debido a cambios en los esquemas de reembolso.
Fuera de Europa, algunas naciones han optado por medidas más drásticas. En Pakistán, se redujo la jornada laboral del sector público y se suspendieron clases presenciales, mientras que Corea del Sur anunció un control de precios por primera vez en casi tres décadas.
En paralelo, gobiernos como el de Italia preparan apoyos directos al sector, con inversiones previstas por 100 millones de euros para 2026, mientras que otros países mantienen mesas de trabajo para monitorear la evolución del mercado.
La IRU concluye que a pesar de las presiones, se prevé que regiones como Europa, Estados Unidos y Reino Unido mantengan estabilidad en el suministro de diésel en el mediano plazo, debido a su menor dependencia del crudo de Oriente Medio. Sin embargo, economías como China e India permanecen más expuestas a posibles disrupciones.
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