Llegaba a Tamaulipas después de más de 10 horas al volante. El sudor se le pegaba a la cara como esos insectos que la parrilla frontal va recolectando kilómetros a kilómetro. Las manos seguían firmes y fuertes controlando el volante. Ya estaba en Reynosa cuando sucedió lo que muchos saben y pocos denuncian.
Un grupo armado, amparado con camionetas sobre el acotamiento, le hizo señas para que se detuviera. Lo hizo. Bajó del vehículo, lo amedrentaron y le pidieron todo lo que trajera. “Es la cuota que deben dar, tu empresa ya lo sabe”. Lo único que traía eran 2,100 pesos en efectivo que ocuparía para las maniobras de descarga. “Hasta me regresaron el teléfono quesque porque no valía más de tres pesos”.
Tras el incidente, Martín Wilberd Rivera Cisneros, operador de 44 años de edad y 25 arriba del volante, llamó a la empresa transportista que recién lo había contratado. Les contó y a pesar de que no le creyeron le depositaron el dinero para terminar el encargo. Amigos operadores de Wilberd le han contado que, principalmente en esa zona, son recurrentes las extorsiones y nadie hace nada.
Este incidente se sumó al desencanto del operador con la empresa. Fue contratado el pasado 5 de enero. Su primer viaje fue de Aguascalientes a Monterrey y en pleno trayecto su vehículo se detuvo. El sistema satelital que rastrea las unidades ofrece la posibilidad de desconectar cada unidad desde el centro de monitoreo. Así lo hicieron.
“También me volvieron a parar el carro cuando iba de Aguascalientes a Guadalajara. Llevaba yo 30 toneladas de leche y cuando eso pasa se atrasa todo y le echan la culpa a uno”.
Además, relata, el tema de los bonos también dejó mucho que desear. La empresa ofrece incentivos adicionales si se cumplen tiempos de entrega, desempeño y rendimiento de combustibles, cero accidentes e incidentes viales. Pero nunca le pagaron lo que habían acordado.
“Habíamos quedado que en una semana podíamos ganar hasta 3,500 pesos y que antes de cada viaje nos podían dar un adelanto de 600. Si a eso le agregamos los bonos que me había ganado, yo pensaría que a la semana iba a sacar más, pero siempre fue menos. En el caso de la extorsión, me cobraron los 2,100 pesos”.
Para finales de febrero, la relación laboral se había fracturado tanto que la empresa decidió prescindir de los servicios de Rivera Cisneros. A la hora de calcular su finiquito resultó que el operador tenía un adeudo de 50 litros de diesel. Seguro de la inconsistencia en el reporte, Martín refutó con las bitácoras semanales que no solo demostraban que no debía combustible sino que había estado dentro de los rangos que obtenían bonos.
Poco menos de dos meses duró la experiencia de este operador a bordo de un ProStar 2013. Las secuelas ahí siguen. Wilberd ha tenido algunos problemas para conseguir empleo, toda vez que mientras se resuelve la deuda de los bonos y la liquidación, la empresa con base de operaciones en Aguascalientes aún tiene sus documentos oficiales.
Como la gran mayoría de los trabajadores mexicanos, Martín Wilberd Rivera Cisneros tiene una familia que mantener y su necesidad ha sido tal que ya le escribió cartas pidiendo apoyo a Enrique Peña, Eruviel Ávila y a Osorio Chong. Está desesperado, lo único que quiere es una oportunidad para seguir circulando en esta remota autopista del sur.













