A cuatro meses de que entre en vigor la reforma a la Ley Federal del Trabajo que iniciará la reducción gradual de la jornada laboral, las empresas del autotransporte ya comenzaron a ajustar sus operaciones para enfrentar uno de los mayores desafíos que ha vivido el sector en los últimos años. La revisión de contratos de trabajo, la implementación de esquemas de team drivers y una mayor coordinación con los clientes son las principales estrategias con las que buscan adaptarse.

Aunque la reforma representa un desafío para todas las áreas de operación de las empresas de transporte y logística, el mayor reto se concentra en la gestión de los operadores. A diferencia de otros sectores, las rutas y los tiempos de entrega no siempre pueden ajustarse, ya que están sujetos a factores ajenos al control de las empresas.

Ante este escenario, los equipos responsables han comenzado a revisar con mayor precisión las actividades que forman parte de la jornada laboral, entre ellas los tiempos de conducción, las maniobras de carga y descarga y las esperas asociadas con la operación. El objetivo es determinar qué actividades deben contabilizarse como parte de la jornada y cuáles pueden considerarse periodos de descanso, así como establecer criterios para regular el tiempo extraordinario y los esquemas de compensación.

De acuerdo con Héctor Romero, Gerente de Recursos Humanos en Transportes Arlequín, esta revisión les permite establecer criterios claros para el manejo de las horas adicionales y diseñar estrategias que faciliten una transición ordenada hacia la reducción gradual de la jornada laboral, al tiempo que buscan mantener la continuidad de sus operaciones y el cumplimiento de los compromisos con sus clientes.

Otra de las alternativas que han comenzado a explorar algunas empresas son programas piloto bajo el esquema de team drivers, en los que dos o más operadores viajan a bordo de una misma unidad y se alternan al volante para generar periodos de descanso durante el trayecto. Este modelo se está evaluando principalmente en servicios de largo recorrido y cross border.

Como parte de estas pruebas, las empresas realizan mapeos de rutas y análisis de los tiempos de conducción para estimar el impacto que la reducción de la jornada tendrá sobre sus costos operativos. También evalúan la adaptación de los operadores a este esquema, que implica una mayor disponibilidad de personal.

La transición no ha estado exenta de desafíos. De acuerdo con Estefanía García, Gerente Nacional de Recursos Humanos de Transportes Innovativos, uno de los principales retos ha sido lograr la aceptación de los operadores, quienes tradicionalmente realizan los viajes de forma individual.

No es fácil para los operadores; ellos están acostumbrados a viajar solos. Estamos tratando de convencerlos y alcanzar acuerdos con ellos, porque no queremos que esto se convierta en una razón para que haya rotación de personal”, señala.

De manera paralela, las compañías transportistas también han intensificado el diálogo con sus clientes para establecer estrategias conjuntas que les permitan adecuar la operación a las nuevas disposiciones laborales.

Para Erick López, Gerente de Recursos Humanos de Muebles y Mudanzas Amado, la colaboración con los clientes será determinante para que la implementación de la reforma sea exitosa.

Uno de los principales retos es hacer sinergia con los clientes, por eso ya empezamos a acercarnos a ellos para concientizarlos. Las estrategias que estamos tomando no solamente responden a una decisión de la empresa, sino a la necesidad de adaptarnos a una reforma laboral”, explica.

Los grandes retos

Aunque las flotas ya han comenzado a diseñar estrategias para adaptarse a la reforma, especialistas del sector coinciden en que su implementación estará marcada por desafíos estructurales que van más allá de la reorganización de las jornadas laborales. Entre ellos destacan el déficit de operadores, la inseguridad en las carreteras y la dificultad para garantizar los tiempos de entrega sin afectar la continuidad de las operaciones.

Ante la entrada en vigor del proceso de reducción gradual de la jornada laboral, prevista para iniciar el 1º de enero de 2027 y concluir en 2030, muchas empresas transportistas han optado por reforzar desde ahora sus plantillas. El objetivo es cubrir las vacantes existentes, contar con
operadores de respaldo y disponer de personal suficiente para reorganizar los turnos conforme avance la implementación de la reforma.

Edgar Martínez Chavero, Director General de Transportes Hernie, explica que anticipar las contrataciones permitirá a las empresas llegar mejor preparadas al inicio de la transición y evitar afectaciones en el servicio.

Tener gente adicional nos va a permitir hacer una serie de roles de trabajo con la finalidad de que los operadores puedan cumplir con sus 46 horas durante el primer año, sin detener las operaciones”, señala.

A ello se suma la inseguridad que persiste en las carreteras del país. Para las empresas, la falta de condiciones para circular por determinadas rutas y la escasez de zonas de descanso seguras dificultan aún más la planeación de los recorridos.

La planeación se vuelve aún más complicada cuando hay zonas críticas y horarios peligrosos para la circulación del transporte de carga. Ya no sólo es hablar de la pérdida de la unidad y la mercancía, sino el factor humano, que debe ser nuestro principal pendiente”, indica Erick López.

Una oportunidad para transformar la operación

Pese a los desafíos, la reducción de la jornada laboral también representa una oportunidad para que las empresas revisen sus procesos y mejoren su eficiencia operativa. Los entrevistados consideran que la reforma impulsará una mejor planeación de rutas, la reducción de tiempos muertos y un mayor equilibrio entre la vida laboral y personal de los operadores.

Los cambios, coinciden, no se limitarán a reducir el número de horas trabajadas. También exigirán transformar la forma de organizar las operaciones, fortalecer la infraestructura
administrativa y brindar mayor soporte a los colaboradores para facilitar la adaptación al nuevo modelo.

No obstante, esta transición tendrá un costo. Con los ajustes operativos, la contratación de personal adicional y la reorganización de las jornadas laborales, las empresas estiman que el impacto económico de la reforma podría traducirse en incrementos de entre 10 y 20% en sus
costos de operación.

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