Aquellos de nosotros apasionados de la conducción, seguramente hemos encontrado en las carreteras un reflejo de la vida misma. Todos, sin importar el vehículo que manejamos, aspiramos a alcanzar nuestros destinos de forma segura y eficaz. Sin embargo, al igual que en la vida, no todos partimos con las mismas facilidades o enfrentamos los mismos obstáculos en nuestro camino. Por ello, antes de adentrarnos en datos cruciales del sector, resulta imprescindible clarificar tres conceptos fundamentales relacionados con el género: igualdad, equidad y paridad.

La igualdad de género en nuestras vías sería el equivalente a aplicar un mismo límite de velocidad para toda clase de vehículos, ya sean carros deportivos, autobuses o tractocamiones. Esto simboliza la necesidad de que hombres y mujeres disfruten de idénticos derechos, oportunidades y responsabilidades. Como en la carretera, el avance de todos debe estar libre de barreras arbitrarias.

Por su parte, la equidad de género ajusta las normas viales para garantizar que cada conductor, independientemente de su punto de partida, pueda llegar a su destino. Esto puede traducirse en señalizaciones adicionales para algunos o límites de velocidad específicos para otros. En el ámbito social, implica proporcionar a cada individuo los recursos necesarios para nivelar el campo de juego, reconociendo nuestras diferencias y desafíos únicos.

La paridad de género, en tanto, se enfoca en asegurar una distribución equitativa de carriles para todos los tipos de vehículos, promoviendo un avance uniforme. Socialmente, busca una representación balanceada de hombres y mujeres en todos los sectores, permitiendo una influencia y participación igualitaria.

Camino gradual

En el contexto de nuestra industria, alcanzar un equilibrio no es tarea sencilla, como lo evidencian los retos diarios en materia de conducción vehicular. Un informe reciente de la Unión Internacional de Transporte por Carreteras (IRU), revela una alarmante escasez de conductores de carga, con un déficit de tres millones a nivel global en 2023, proyectándose a siete millones para 2028 (56,000 en México con potencial de crecer a 106,000). De estas cifras globales, apenas el 6% son mujeres.

En México, la situación no dista mucho. Datos de la Dirección General de Autotransporte Federal indican que, de las 708,930 licencias federales vigentes hasta diciembre de 2023, sólo 5,450 pertenecen a mujeres, lo que representa un escaso 0.76 por ciento. A pesar de ser una cifra menor al 1 por ciento, ha experimentado un crecimiento sostenido, señal de un cambio gradual pero firme.

Respecto a cifras de licencias estatales, esperemos que la Asociación Mexicana de Autoridades de Movilidad (AMAM) pueda promover más estadísticas como ésta que, sin lugar a duda, ayudarían a medir y fomentar mayor participación. 

A nivel internacional, aunque algunos países presentan cifras ligeramente superiores, el promedio global, excluyendo a Estados Unidos con 8% y China con 5 por ciento, se sitúa en torno al 3 por ciento. Sin embargo, existen nichos, como en Europa, donde el 16% de los operadores de autobuses foráneos son mujeres, apuntando a oportunidades de equidad sectorial que pueden conducirnos hacia la igualdad y paridad.

El desafío

Las cifras nos muestran un camino a seguir: incrementar la participación femenina en la conducción no es sólo deseable, sino crucial. Implementar políticas que eleven la representación femenina del actual 0.7% a un 10% podría ser la solución a la falta de conductores en México, un objetivo alcanzable con la capacitación de 17 mujeres al mes en cada uno de los casi 300 centros autorizados por la SICT.

Este desafío nos invita a adoptar una estrategia integral, donde el Gobierno federal juegue un papel determinante. La visión de un sector de movilidad inclusivo y sostenible debe ser un pilar en las propuestas de futuras campañas presidenciales, marcando el inicio de una era donde la igualdad de género sea una realidad tangible en todas las carreteras del país.

Avanzar hacia la igualdad, equidad y paridad en la movilidad no sólo es un acto de justicia social, sino una estrategia esencial para enfrentar los desafíos contemporáneos del transporte. La carretera hacia la paridad de género puede ser larga, pero cada kilómetro recorrido nos acerca a un destino compartido de prosperidad y sostenibilidad. Iniciativas como Red MujerEs Autotransporte y la Asociación Mexicana de Operadoras son faros en este viaje, iluminando el camino hacia un futuro donde todos, sin importar su género, puedan conducir hacia el éxito.

Miguel Elizalde

Experto en Movilidad Sostenible

Redes @MELIZALDEL

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