Las regiones Noreste y Bajío, conformadas por 10 estados, se posicionaron como las más competitivas del país, de acuerdo con el Índice de Competitividad Regional (ICR) 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Los resultados de la primera edición del ICR confirman que la competitividad no es un fenómeno aislado: los avances —o retrocesos— en una entidad pueden generar efectos de derrame sobre sus regiones vecinas.
La región Noreste obtuvo la primera posición, con una calificación de 68 puntos de 100, lo que le permite mantener un alto nivel de competitividad.
Este resultado la posiciona como la más atractiva para la instalación, operación y expansión de empresas, así como para la movilidad y permanencia de capital humano calificado. El desempeño refleja un ecosistema integrado, en el que infraestructura, mercado laboral, certidumbre operativa y productividad se refuerzan entre sí y generan un entorno competitivo.
Las regiones Bajío y Noroeste también se ubicaron entre las primeras tres posiciones, con 54 y 62 puntos, respectivamente, lo que las coloca en un nivel medio alto de competitividad.
En el caso del Noreste y el Noroeste, ambas regiones registraron las mejores tasas de percepción de seguridad (31.9% y 32% de la población mayor de 18 años) y destinan el mayor gasto empresarial en seguridad (63,467.75 pesos y 61,903.28 pesos). No obstante, el Noroeste presenta la tasa más alta de homicidios, con 33.74 por cada 100 mil habitantes.

Por su parte, el Bajío mantiene altos niveles de innovación. La región registra el mayor número de solicitudes de patentes (3.74 por cada cien mil personas económicamente activas), lo que refleja un elevado desarrollo innovador. Sin embargo, esta capacidad parece concentrarse en una parte de la población, ya que presenta un bajo nivel de mano de obra calificada (22.22% de la población mayor de 15 años).
La región Centro presenta una alta atracción, pero baja retención de talento. Destaca por su cobertura escolar (98.42%) y por la proporción de mano de obra calificada (30.68%), aunque enfrenta limitaciones para retener a este capital humano.
La baja tasa de reemplazo de vivienda (0.18%) —solo por encima de la región del Istmo— y los precios de la vivienda, que aunque han crecido menos (64% desde 2017) siguen siendo elevados, restringen su capacidad para absorber nueva población.
Brechas en el sur
En el Sur, particularmente en las regiones del Istmo y Maya, persisten brechas estructurales, sobre todo en infraestructura logística y energética, seguridad y mercado laboral, que limitan su potencial y capacidad productiva.
En conjunto, estas condiciones dificultan que los estados de estas regiones capitalicen plenamente las oportunidades de inversión, encadenamientos productivos y movilidad que hoy se concentran en el norte del país.
Pese a su cercanía al mar y a la abundancia de recursos, las regiones del Istmo y Maya registran bajos niveles de exportaciones (16.58% y 18.23%), escasa inversión extranjera directa (7.87% y 10.32%) y altos niveles de informalidad (73.08% y 63.81%).
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Para elevar la competitividad regional, el IMCO propone al sector empresarial fortalecer la retención de talento mediante un nuevo enfoque de desarrollo: pasar de capacitaciones aisladas a hubs regionales de formación que integren parques industriales, empresas y proveedores. Esto permitirá definir perfiles comunes y compartir costos de formación, en coordinación con el gobierno.
Al Gobierno federal, el organismo recomienda orientar programas e incentivos para impulsar proyectos regionales.
En el marco del Plan México, esto implica operar con reglas de corredor: impulsar polos y parques industriales en zonas de transición, vincular incentivos a resultados y alinearlos con la inversión pública en energía, agua y movilidad.
El Índice de Competitividad Regional incorpora 40 variables, agrupadas en cuatro subíndices —Atracción y Retención de Inversión y Talento—, y analiza seis regiones del país, conformadas por entidades con características económicas, geográficas y productivas compartidas.
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