Ante la necesidad de transitar hacia un transporte más limpio y una amplia gama de tecnologías para la electrificación de las flotas, de cara al futuro, es probable que surja un ecosistema híbrido, señala DHL en su más reciente Logistics Trend Radar.
En este informe, que rastrea, analiza y evalúa las tendencias que influyen en la logística, la compañía considera que, en materia de electromovilidad en el transporte, los camiones eléctricos de batería son idóneos para operaciones urbanas y regionales, o para corredores de larga distancia respaldados por sistemas de recarga de megavatios.
Por su parte, el hidrógeno podría cubrir escenarios específicos, como rutas en zonas remotas o condiciones climáticas extremas.
Lo que sí es un hecho para DHL es que, a medida que evolucione la tecnología de recarga, las soluciones basadas en baterías tendrán un potencial creciente para abarcar una gama más amplia de usos, acelerando aún más la transición hacia una logística baja en carbono.
La compañía ve el tema como relevante, pues el impacto de la electromovilidad a largo plazo para el sector logístico es considerable, considerando que el transporte pesado de mercancías representa entre el 8 y 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI), lo que convierte a la electrificación en una de las palancas de descarbonización más decisivas.
A pesar de las limitaciones a corto plazo, a medida que las tecnologías maduren y la infraestructura se expanda, incluso una electrificación parcial en corredores y casos de uso clave podrá generar reducciones significativas de emisiones, transformando al mismo tiempo el funcionamiento de las redes logísticas globales.
¿Cuáles son las principales tendencias?
El Logistics Trend Radar destaca que la descarbonización del autotransporte de mercancías a nivel regional y de larga distancia se está acelerando, con vehículos eléctricos de batería como la solución principal, complementados por los vehículos eléctricos de pila de combustible de hidrógeno y las soluciones de intercambio de baterías.
Para la compañía, cada una de estas vías presenta beneficios y retos específicos, lo que determina cómo las redes logísticas realizarán la transición para abandonar los motores de combustión interna.
Los camiones eléctricos de batería han logrado los avances más visibles hasta la fecha, impulsados por programas de incentivos eficaces y un mayor dinamismo inversor. Aunque históricamente se vieron limitados por los tiempos de carga, el peso de las baterías y una autonomía reducida, los recientes avances en los sistemas de carga de megavatios (MCS, por sus siglas en inglés) y en la capacidad de las baterías están empezando a cambiar la situación. Con diferentes fabricantes anunciando vehículos de rango pesado con hasta 700 km de autonomía y tiempos de recarga que pueden pasar del 20 al 80% de su capacidad en 40 minutos.
Además, alinear la carga mediante el sistema MCS con los periodos de descanso obligatorios de los conductores puede suponer una ventaja añadida. Así, la combinación de una mayor autonomía y la carga rápida está haciendo que los camiones eléctricos de batería sean cada vez más viables, no sólo para rutas regionales, sino también para corredores de larga distancia que cuenten con la infraestructura adecuada.
Por otro lado, considera que los camiones propulsados por celdas de combustible de hidrógeno ofrecen una propuesta de valor distinta: un repostaje más rápido y un rendimiento más fiable en climas fríos, condiciones en las que la eficiencia de las baterías puede verse mermada.
No obstante, su adopción sigue siendo limitada debido a las carencias de infraestructura y a cuestiones de competitividad de costos, ya que las estaciones de repostaje de hidrógeno están mucho menos extendidas que los puntos de carga para vehículos eléctricos.
El panorama
Para DHL, la electrificación del transporte depende de la infraestructura: la disponibilidad de redes de recarga, estaciones de repostaje y capacidad de la red eléctrica determinará directamente el ritmo y la magnitud de su adopción en todos los modos de transporte.
Paralelamente, el sector avanza hacia un enfoque basado en una cartera de soluciones, adaptando la elección del sistema de propulsión a necesidades operativas específicas, como la distancia, la carga útil, la previsibilidad de las rutas y la disponibilidad de infraestructura. Las diferentes tecnologías desempeñarán funciones diferenciadas en lugar de competir entre sí como una solución única.
Este cambio de paradigma redefine la tendencia: ya no se trata meramente de un desafío energético, sino de un reto más amplio de coordinación y sistemas que exigirá una alineación entre tecnologías de recarga, interfaces y las distintas partes interesadas.
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