El teléfono celular vibra y su pantalla brilla. Es un mensaje de un contacto registrado. escrito con faltas de ortografía. El dueño del dispositivo, transportista, lo ve de reojo y tarda unos segundos en recordar quién le escribe: “Policía Santa Catarina Tránsito”. 

Recuerda que, hace tres años, uno de sus camiones que había salido de Guadalajara hacia Monterrey fue detenido ahí en Santa Catarina, Nuevo León, por oficiales de tránsito que inventaron cualquier pretexto para una inspección y sólo por molestar, lograron sacar 12 mil pesos por una supuesta multa, aparentemente por circular en horarios y zonas restringidas. 

“La multa es de 30 mil, pero si me da 12, lo dejo ir”, le dijeron al conductor en aquella ocasión. 

Cuando el operador llamó a la empresa y contó la situación, pensaron que se trataba de una exageración, pero no hubo manera de librarse, así que tuvieron que pagar. Y aprendieron a evitar la zona en tal horario, pero sobre todo, cuidarse de los municipales. 

Nunca más volvió a pasar eso, y por tal razón, ahora que el transportista, al fin, abre su teléfono y lee el mensaje completo, sonríe no porque sea divertido, sino porque le parece demasiada desvergüenza de aquel policía que “le hizo un descuento”. 

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“si kiere pasar por santa catarina sin problemas, aorita la cuota está en 50 mil bolas al mes, por kamion. ya sabe, igual y le busko un descuento”.

Lo primero que hace fue enseñarle el mensaje a su socio, con quien platicaba sobre un tema importante relacionado con el mantenimiento de la flota. Con puro sarcasmo completa la escena. 

“Mira, para que aproveches el ofertón”. 

Ambos se ríen y empiezan a comentar la falta de vergüenza del uniformado al que recuerdan perfecto, pues se portó como anfitrión de fiesta aquella vez que le sacaron los 12 mil pesos al operador. 

—Imagínate que cada camión que pasa por ahí le pague su mochada.

—No, pues este sí se quiere jubilar ya.

—Te juro que no sé si reír o llorar. Igual y las dos cosas. Desgraciados. 

Por mero instinto pregunta al área de monitoreo por la ubicación de los camiones en ruta. Ninguno andaba cerca, pero igual les manda un mensaje para ponerlos alerta sobre la situación de los municipales en aquel municipio neoleonés. 

Sus camiones están en regla, cumplen las normas y respetan las restricciones, así que borra el mensaje de su teléfono y continúa con su mañana, con mucho trabajo, ya que seguirá, igual que nosotros, Al Lado del Camino. 

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