El crecimiento del comercio electrónico, las expectativas de entrega en plazos mínimos y la transformación de las cadenas de suministro han convertido a la última milla en el tramo más dinámico, pero también se ha vuelto más complejo, costoso y vulnerable en todo el ecosistema logístico.

Este último eslabón se ha transformado en el verdadero campo de batalla donde se define la rentabilidad de las empresas y la lealtad de los clientes.

Para los operadores y empresarios del transporte, navegar la logística urbana implica enfrentar diariamente un entorno saturado y cambiante, y de acuerdo con Miguel Ángel Zermeño, gerente comercial de Distribuidora Zergo, existen cuatro retos principales para la última milla.

1. Congestión vehicular y restricciones de movilidad

Las grandes metrópolis han endurecido sus normativas. Los horarios limitados para carga y descarga, la falta de bahías dedicadas, las zonas de bajas emisiones y el tráfico constante sofocan la productividad. 

Cada minuto atascado en el tráfico urbano no sólo es diésel desperdiciado, sino una ventana de entrega que corre el riesgo de cerrarse.

2. El dilema de la descarbonización

La transición hacia flotas más limpias ya no es una opción estética, sino un mandato regulatorio y comercial. 

Sin embargo, la adopción de vehículos eléctricos o de bajas emisiones para el reparto urbano enfrenta barreras significativas: el alto costo de adquisición inicial de las unidades y una infraestructura de carga pública que aún resulta insuficiente en diversas regiones.

3. El devastador costo de la entrega fallida

A diferencia del transporte de larga distancia, donde el destino es un patio industrial listo para la descarga, en la última milla el receptor es, en la mayoría de los casos, una persona. 

Un timbre que nadie contesta o una dirección imprecisa significan un intento fallido, lo que duplica los costos operativos de la ruta y liquida los márgenes de ganancia del viaje.

4. Inseguridad en zonas de alta densidad

El reparto urbano expone a las unidades ligeras y camionetas a robos recurrentes, asaltos en paradas de entrega y merma de mercancía. La protección del operador y del paquete exige inversiones constantes en sistemas de rastreo y protocolos de atracamiento rápido.

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El entrevistado afirma que la prioridad ya no radica únicamente en tener más unidades en la calle, sino en la eficiencia tecnológica y la previsibilidad. Los pilares de mayor valor para los tomadores de decisiones son:

Ruteo dinámico e inteligencia artificial

Herramientas que no sólo calculen la distancia más corta, sino la más eficiente considerando tráfico en tiempo real, histórico de entregas por zona y ventanas de horario preestablecidas.

Visibilidad de extremo a extremo (trazabilidad)

Notificaciones en tiempo real para el cliente final. La transparencia reduce drásticamente las entregas fallidas y las llamadas de soporte.

Versatilidad de la flota

Una combinación equilibrada de activos que incluye desde van ligeras hasta motocicletas, bicicletas de carga e incluso esquemas de hubs urbanos (micro-bodegas) para acercar el inventario al consumidor.

Retención y capacitación del operador

El repartidor es la cara de la marca frente al cliente final. Su capacitación en atención al cliente, manejo defensivo y uso de aplicaciones móviles es crucial para la eficiencia diaria.

«Hoy en día, el cliente no perdona el retraso ni la falta de información. Antes, el negocio del transporte se medía en toneladas y kilómetros; hoy, en la última milla, se mide en minutos y satisfacción. 

“Si no cuentas con un software de ruteo que se adapte en tiempo real al tráfico urbano y no le das al usuario la ubicación exacta de su paquete, tus costos de operación se disparan al segundo intento de entrega”, afirmó. 

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