“La volatilidad del tipo de cambio generada por la guerra en Medio Oriente es una amenaza para toda la economía; nadie se beneficia, porque no se puede hacer una buena planeación”, asegura Gabriela Siller, Directora de Análisis Económico-Financiero de Banco BASE. Desde el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el dólar se ha fortalecido al ser considerado un activo refugio.
Este conflicto, iniciado el pasado 28 de febrero, llevó a los mercados de divisas de economías emergentes a registrar su mayor caída desde el denominado “Día de la Liberación”, cuando el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la nueva política arancelaria de ese país el 2 de abril de 2025. En el caso de la moneda mexicana, acumuló una depreciación de 3.5% al 1 de abril, cuando se ubicó en 17.83 pesos por dólar, de acuerdo con el tipo de cambio interbancario del Banco de México (Banxico).
En un análisis publicado el 11 de marzo, UBS previó que el tipo de cambio se ubicará en 17.70 pesos por dólar durante la primera mitad del año; en 17.50 pesos para el tercer trimestre, y en 17.20 pesos al cierre de 2026. Señaló que, si bien la fortaleza del dólar podría persistir en el corto plazo, se mantiene la expectativa de una depreciación en el mediano plazo.
De acuerdo con Barclays, los mercados cambiarios han asimilado los acontecimientos en Medio Oriente principalmente a través de dos canales: un repunte inicial de la aversión al riesgo global y el aumento en los precios del petróleo y el gas. Aunque el conflicto bélico concentra la atención, el peso mexicano —una de las monedas más negociadas a nivel mundial— enfrenta diversos factores que elevan su volatilidad.
En las últimas semanas, el Gobierno de Estados Unidos ha enviado distintos mensajes sobre la posibilidad de que el conflicto llegue a su fin; sin embargo, hasta el momento nada está dicho debido a que continúan los ataques en Medio Oriente. En un contexto bélico, Banco BASE planteó tres escenarios para la paridad peso-dólar.
A la fecha, las acciones armadas continúan en la región; sin embargo, Siller Pagaza señaló que, en caso de una resolución del conflicto sin interrupciones relevantes en el suministro energético —como las que podrían derivarse del estrecho de Ormuz—, el tipo de cambio podría romper el nivel de soporte de los 17 pesos por dólar y acercarse a niveles de 16.80.
En el escenario central, la guerra se prolonga con una escalada gradual, pero sin disrupciones severas o sostenidas en el comercio de energéticos. Las presiones inflacionarias derivadas de este entorno llevarían a la Reserva Federal (FED) a pausar los recortes en la tasa de interés por tiempo indefinido. Este escenario, combinado con una mayor aversión al riesgo, podría ubicar al tipo de cambio en un rango de entre 17.60 y 18 pesos por dólar.
En un escenario adverso, caracterizado por una intensificación del conflicto y un bloqueo prolongado del suministro energético en Medio Oriente, el alza de precios podría llevar a la FED a incrementar su tasa de interés durante el año, acompañado de un aumento significativo en la aversión al riesgo. En este contexto, Banco BASE no descarta que el tipo de cambio supere las 20 unidades por dólar.
Además de la política monetaria del banco central de Estados Unidos y de Banxico, el mercado también estará atento al rumbo de las negociaciones entre México y Estados Unidos en el marco de la revisión del T-MEC. Los posicionamientos de Donald Trump, así como las decisiones sobre la permanencia, reducción o eliminación de aranceles sectoriales, tendrán un impacto relevante sobre la moneda mexicana.
En este entorno, el autotransporte de carga de servicio internacional es uno de los segmentos más expuestos a las fluctuaciones cambiarias. Ademas, de cada 100 pesos en insumos utilizados por las empresas transportistas, 41.3 corresponden a importaciones, de acuerdo con el Inegi, por lo que sus costos están directamente vinculados al fortalecimiento del dólar.
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