A los 20 años, Miguel Quintanilla Giordano realizó su primer emprendimiento con un fondo de inversión. Más tarde incursionó en el negocio de las bebidas, una experiencia exitosa, aunque todavía no encontraba una actividad que realmente lo apasionara. Lo que buscaba había estado siempre cerca de él: el autotransporte de carga.

Mi ruta hacia el transporte empezó en las pláticas con mi papá. Un día me dijo: ‘Yo le eché ganas en esta vida para darte la oportunidad de que hagas lo que tú quieras. Veo que te gusta trabajar, pero todavía no sabes qué quieres realmente’. Entonces me invitó a conocer las distintas divisiones de TUM”, recuerda.

Ser transportista no figuraba en sus planes. Sin embargo, su interés por conocer distintos modelos de negocio lo llevó a involucrarse en las operaciones de carga aérea y terrestre. Ahí descubrió una industria que terminaría por definir su rumbo profesional.

Me enamoré del autotransporte porque es dinámico y cambiante. Es tan divertido que pensé: ‘Esto es lo que me gusta, de aquí soy’”, comparte.

Con esa convicción y en plena pandemia, se asoció con Pablo Bosch y Fernando Sampson para desarrollar un proyecto enfocado en la distribución de mercancías de última milla. Comenzaron revendiendo guías de paquetería y trabajando con repartidores propietarios de motocicletas para atender zonas de alta demanda en la Ciudad de México.

Pronto identificaron una oportunidad mayor: convertirse en proveedores de empresas courier, marketplaces y otros. “Nos dimos cuenta de que cada cliente tiene requerimientos distintos. Eso hizo que me enamorara todavía más del transporte, porque la operación cambia constantemente y nunca te aburres”, explica Miguel Quintanilla.

Así nació Nimu, una empresa especializada en logística de última milla que hoy representa la consolidación de su faceta empresarial, donde se desempeña como Director Financiero. Actualmente, la compañía opera una flota de 100 vehículos integrada por 60 unidades eléctricas de 3.5 y 4.5 toneladas, 20 vanes convertidas a gas natural y 20 motocicletas.

Nimu es una empresa que se atrevió a invertir en transporte sustentable y no queremos que se rompa esa identidad, porque buscamos dignificar al transporte en todos los sentidos. Tal vez ése es nuestro mayor reto: crecer siendo sostenibles”, afirma.

A lo largo de su trayectoria, escuchar a quienes tienen más experiencia ha sido una de sus principales fuentes de aprendizaje. A esas personas las llama sus “senseis”: “Mi abuelo, mi papá y muchas personas dentro del autotransporte lo han sido. En especial mi papá, que ha sido un gran tutor de vida. Lo escucho y sigo muchos de sus consejos”, señala.

Para el empresario de 29 años, la formación académica también es fundamental. Considera que la capacitación constante es indispensable en una industria en permanente transformación: “Para avanzar hay que mantener la mente abierta, aprender todos los días y estar actualizados”, comenta quien recientemente concluyó un programa de Alta Dirección en el IPADE.

Miguel Quintanilla atribuye el crecimiento de Nimu al esfuerzo, la planeación y la estrategia. Sin embargo, considera que uno de los mayores activos de la empresa es su cultura organizacional.

La plusvalía de la empresa está en las personas. Tenemos un excelente ambiente de trabajo, y eso se percibe cuando llegas y conoces al equipo”, asegura. La lealtad también tiene un lugar especial en la vida de Miguel, y cree que ha impulsado su carrera. 

Convencido del potencial de la logística de última milla, planea seguir fortaleciendo a la compañía y consolidando su apuesta por la movilidad sustentable. A largo plazo se visualiza al frente de un grupo de transporte y logística con presencia en distintos segmentos del mercado.

Además de sus responsabilidades empresariales, se desempeña como asesor consejero de Canacar, una labor que conecta con uno de sus principales propósitos: ayudar a otros.

No ha habido mayor satisfacción para mí que saber que ayudé a alguien más. Es como si los billones de la vida cayeran directamente a mi cuenta”, concluye Miguel Quintanilla.

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