La historia de Carlos Alonso Guerrero, alias “El Poninas”, tiene rasgos comunes y otros más bien particulares. Por ejemplo, desde niño supo que quería ser trailero, pero no tenía un papá operador, sino un tío.
Recuerda que su infancia estaba llena de emoción por esperar el día en que pudiera irse de viaje con él; si se portaba bien, si hacía la tarea y no había quejas, así sucedía. Además, eran vecinos, así que Carlos ya estaba listo para hacer sus labores de copiloto.
Y así creció, con la esperanza de ser grande, cumplir la mayoría de edad y hacerse trailero. Pensó que sería así de fácil, pero el primer problema le llegó por ahí de los 15 años, cuando ya manejaba muy bien y le ofrecieron trabajo, incluso sin la licencia federal.
Él no dudó y aceptó, así que inició haciendo maniobras y viajes locales sin tener la documentación necesaria, pero con las ganas de aprender y hacer las cosas cada vez mejor.
Y así ya pasaron 25 años, en los que ha tenido oportunidad de conocer todo el país, toda su comida y prácticamente todo tipo de personas. A pregunta expresa, afirma que eso es justamente lo que más le gusta de su trabajo: viajar, estar en movimiento, siempre aprender y conocer algo nuevo.
“Te despiertas en una ciudad y te duermes en otra. Un día comes algo típico de aquí y mañana desayunas algo muy tradicional de allá. Eso es algo que te dan pocos trabajos, y ser operador es uno de ellos. No lo cambiaría por nada”.
Tiene cuatro hijas, de 17, 15, 13 y 11 años de edad. Sólo a las dos menores les gusta el tractocamión y, si ellas algún día le dijeran que quieren seguir sus pasos, “El Poninas” tampoco dudaría en apoyarlas, pues sabe y está consciente de que las personas encuentran la felicidad haciendo lo que más les apasiona.
Sin embargo, también sabe que no es fácil, pues en la actualidad, ser operador también significa trabajar con muchos riesgos, empezando por la inseguridad, pues los robos están a la orden del día.
Y lo mismo con los accidentes, por eso considera importante seguir concientizando al sector para evitar conducir cansados, sin ingerir sustancias prohibidas y, lo más importante: dormir y comer bien.
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“Un reto importante está en la alimentación y el descanso. Nadie nos enseñó eso. Y hoy, a los que tenemos un poco más de experiencia nos toca poner el ejemplo y, cuando sea posible, platicar con los jóvenes, para que no se quieran comer la carretera en un solo viaje. Hay que darle bocados pequeños, disfrutarlo”, finalizó.
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