México consolidó su posición como principal socio comercial de Estados Unidos durante el primer trimestre de 2026, impulsado por un fuerte crecimiento de las exportaciones manufactureras y una mayor integración de las cadenas de suministro de Norteamérica.

Sin embargo, el dinamismo comercial comienza a enfrentar desafíos logísticos derivados del aumento de costos operativos, la escasez de operadores y un mayor control sobre las visas B-1 para operadores transfronterizos, advirtió C.H. Robinson.

Al dar a conocer la actualización del mercado de transporte de mercancías para mayo de 2026, C.H. Robinson argumentó que, durante los primeros meses del año, México aportó el 16% de las importaciones estadounidenses y adquirió cerca del 15% de las exportaciones de Estados Unidos. En este contexto, las exportaciones mexicanas crecieron 27.7% anual en marzo, su mejor desempeño desde marzo de 2022, mientras que en el acumulado del primer trimestre avanzaron 17.9%.

La manufactura no automotriz encabezó el crecimiento. Las exportaciones de equipos eléctricos y electrónicos aumentaron 17.8%, mientras que el segmento de maquinaria y equipo registró un notable incremento de 43%. Asimismo, las exportaciones no petroleras dirigidas a Estados Unidos crecieron 28% durante marzo.

Este desempeño refleja cómo la capacidad manufacturera instalada en México está absorbiendo una parte creciente de la demanda global, particularmente en sectores vinculados con tecnología avanzada, centros de datos e inteligencia artificial. De hecho, México ya concentra el 37% de las importaciones estadounidenses de equipos informáticos, mientras nuevas inversiones continúan llegando a entidades del norte del país.

Presión sobre la cadena logística y el transporte

No obstante, el crecimiento de los flujos comerciales está generando presión sobre la cadena logística y el transporte de carga.

Uno de los principales desafíos es el incremento de los costos operativos. Durante el primer trimestre, el precio del diésel se mantuvo cerca de los 28 pesos por litro y aumentó alrededor de 7% entre enero y marzo. Al mismo tiempo, la apreciación cercana al 3% del peso frente al dólar redujo los márgenes de las empresas transportistas que reciben ingresos en moneda estadounidense.

Ante este escenario, muchas compañías han comenzado a privilegiar las rutas y clientes con mejores márgenes, reduciendo recorridos vacíos y evitando operaciones de menor rentabilidad. Como resultado, pueden presentarse problemas localizados de disponibilidad de capacidad, aun cuando existan unidades físicamente disponibles.

La situación se complica por la persistente escasez de operadores especializados en recorridos de larga distancia y cruces internacionales. El problema se ha agravado por el endurecimiento de las revisiones a las visas B-1 utilizadas por conductores mexicanos que realizan entregas directas en territorio estadounidense.

C.H. Robinson indica que, en semanas recientes, las autoridades estadounidenses han intensificado las inspecciones en diversos cruces fronterizos, provocando un aumento en la revocación de visas relacionadas con infracciones previas, incumplimientos regulatorios o sospechas de operaciones fuera de los alcances permitidos.

Este mayor escrutinio está reduciendo la cantidad de operadores disponibles para servicios transfronterizos directos. Además, algunos operadores experimentados han optado por limitar o abandonar este tipo de operaciones para evitar riesgos asociados con la pérdida de sus permisos migratorios.

La combinación de menos operadores disponibles, mayores costos y una creciente demanda de servicios logísticos está ejerciendo presión sobre las tarifas de transporte entre México y Estados Unidos. Las empresas transportistas se muestran cada vez más selectivas con la carga que aceptan, particularmente en los corredores fronterizos más dinámicos.

Mientras tanto, la próxima revisión del T-MEC podría detonar nuevas inversiones manufactureras y aumentar aún más los movimientos de carga en la región. Sin embargo, para aprovechar plenamente ese crecimiento, el sector deberá enfrentar retos cada vez más complejos relacionados con la disponibilidad de operadores, la capacidad transfronteriza y la rentabilidad de las operaciones.

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