La neblina envuelve la madrugada. Es densa, húmeda. Nada se ve más allá de los cinco metros. Es la México-Puebla, en el descenso continuo hacia los límites con el municipio de Ixtapaluca, Estado de México.
A las 3:45 AM, Carlos Mendoza maneja un tractocamión que arrastra un remolque con 26 toneladas de mercancía de alta demanda: abarrotes, alimentos, enseres domésticos.
Las condiciones del asfalto, en tanto, son furtivas. El camino es húmedo y una mancha de diésel que corre en silencio aparece como un mal augurio.
Luego de una curva pronunciada, el pesado remolque pierde adherencia y empieza a bambolear. A pesar de su experiencia, la física se impone: el tractocamión golpea el muro de contención y vuelca sobre su costado derecho, arrastrándose ruidosamente más de cincuenta metros sobre el pavimento hasta quedar recostado.
Dentro de la cabina, el silencio lo llena todo. Carlos abre los ojos, siente un fuerte dolor en el hombro izquierdo, pero está consciente, se puede mover y se desabrocha el cinturón de seguridad.
No sin dificultades logra salir del vehículo y afuera lo recibe el denso frío de la madrugada. Respira profundo, pues repara en que salió ileso. No pasan más vehículos en un buen rato.
Hasta que de pronto, a lo lejos, se escuchan motores, acaso de motocicletas. Un grupo de cuatro personas camina por el acotamiento en dirección a él. Se apresuran y Carlos piensa que vienen en su ayuda.
Cuando los hombres llegan a lo lejos se avistan más personas. Uno de ellos le pregunta que si está bien. Responde con la cabeza.
-¿Ibas muy rápido o qué pasó? ¿Qué transportas?
-No iba rápido. Algo había en el camino y se me derrapó el camión con todo y el remolque. Llevo abarrotes, comida, latas.
Apenas termina su respuesta, los otros tres hombres ya husmean la carga y hasta con una barreta terminan de abrir el remolque. Carlos no da crédito y duda. Justo cuando un impulso lo llevaría a “resguardar” la carga, el hombre lo detiene en seco.
-No te preocupes. Tu carga seguro está asegurada y todo esto a nosotros nos vendrá muy bien. Ya no tardan los vecinos, así que mejor nos apuramos. Te recomiendo que no hagas nada. Nos llevamos lo que podamos y tú esperas a que vengan por ti.
Su tono no es amable y Carlos se sabe solo. Ahoga su intento de réplica y camina hacia la cabina, en busca de su teléfono, la cartera, algunos papeles. Lo que pueda encontrar.
Te recomendamos: ¡Los pericos no son un mal necesario!
En efecto, llegó un grupo importante de pobladores con bolsas, carretas y cajas. Sin preguntar, sin reparar en nada, comenzaron a tomar lo que había en la carretera y a vaciar el remolque.
Llega, incluso, la Guardia Nacional y atiende al conductor, sin siquiera hacer el intento por detener a la gente. A manera de disculpa le dicen que mejor es hacer nada, que el pueblo es bravo y no tienen refuerzos.
Carlos se comunica con la empresa y les cuenta la escena. Enviarán ayuda, llamarán al seguro y la rapiña saldrá impune. Este operador, en tanto, seguirá, igual que nosotros, Al Lado del Camino.
Te invitamos a escuchar el episodio más reciente de nuestro podcast Ruta TyT:














