El anuncio de que Estados Unidos tomará el control de las enormes reservas de petróleo de Venezuela tiene implicaciones importantes, pero no necesariamente alcistas de gran magnitud para los precios internacionales del crudo y sus derivados, debido a su baja producción, coincidieron expertos.

“Venezuela tiene un potencial relevante, pero su capacidad productiva está muy deteriorada. Por ello, cualquier incremento de la oferta sería gradual”, estimó Janneth Quiroz Zamora, directora de Análisis de Grupo Financiero Monex.

En esta visión coincidieron Alejandro Montufar, CEO de PETROIntelligence, y Arturo Carranza, director de proyectos de energía de la consultoría AKZA.

“Yo descarto un movimiento abrupto de los combustibles porque, hasta el momento, el pueblo venezolano ha permanecido tranquilo; es decir, no ha habido grandes protestas que generen incertidumbre, por lo que los precios del petróleo y sus derivados, como gasolinas y diésel, permanecerán estables a nivel internacional”, consideró Carranza.

La joya de la corona para EU

De acuerdo con datos de la Agencia Internacional de Energía (EIA, por sus siglas en inglés), Venezuela posee 303,000 millones de barriles de reservas probadas de crudo, equivalentes al 17% del total mundial, y se coloca en la cima del ranking de las 10 naciones con más reservas.

A pesar de su enorme potencial, la producción diaria de la petrolera estatal PDVSA es de aproximadamente 1 millón de barriles de crudo, la mitad de lo que bombeaba durante el gobierno de Hugo Chávez y lejos de los 3 millones 500 mil barriles diarios que el país producía antes de que el régimen socialista tomara el control. En la década de los 70, su producción representó el 7% del total mundial; actualmente está por debajo del 1%.

La mayor parte de las reservas probadas de petróleo de Venezuela corresponde a crudo pesado y extrapesado de la Faja del Orinoco, una extensa zona geográfica ubicada al norte del río Orinoco, donde operan desde hace tiempo gigantes petroleros como ExxonMobil, Chevron, Total y ConocoPhillips.

El conflicto con las petroleras inició en 2007, cuando Hugo Chávez ordenó la transferencia de una participación mayoritaria —60% o más— en todos los proyectos del Orinoco a la estatal venezolana PDVSA.

Además de petróleo, en esa región también abundan diversos minerales, entre ellos elementos de tierras raras, fundamentales para las tecnologías modernas. Por esta razón, el presidente depuesto Nicolás Maduro firmó en 2016 un decreto para la creación de la Faja Minera del Orinoco.

Con el paso de los años, esta región se convirtió en el epicentro del contrabando y la corrupción política y militar, de acuerdo con testimonios recabados por la prensa internacional. Según datos de Transparencia Venezuela, sólo 14% del valor de los minerales extraídos en 2024 llegó al Banco Central, mientras que el resto se repartió entre empresas y redes criminales.

Precisamente, algunas de las acusaciones en contra de Maduro, detenido la madrugada del sábado 2 de enero en Caracas, están relacionadas con supuestos delitos de narcotráfico, terrorismo, conspiración y uso de armas de guerra.

El lunes 5 de enero, un gran jurado estadounidense imputó penalmente a Nicolás Maduro y a cinco personas de su círculo más cercano. El líder venezolano se declaró “no culpable” de todos los cargos, mientras que el juez Alvin K. Hellerstein fijó el 17 de marzo como la fecha para la segunda audiencia.

El colapso de la infraestructura petrolera

De acuerdo con expertos en energía, como Alejandro Montufar, el tipo de petróleo que posee Venezuela —extrapesado— requiere un mayor nivel de experiencia técnica, con la que cuentan las compañías petroleras estadounidenses, pero no PDVSA. Su participación se ha visto limitada por las sanciones internacionales, además de restricciones presupuestarias.

Para dimensionar la relevancia del petróleo venezolano, es necesario compararlo con el que posee Estados Unidos, el mayor productor de crudo del mundo.

Ese país cuenta principalmente con crudo ligero y dulce, ideal para fabricar gasolina. En cambio, el petróleo pesado y ácido, como el de Venezuela, es crucial para ciertos productos obtenidos en el proceso de refinación, como el diésel.

Para Montufar, el principal beneficio del flujo de petróleo venezolano hacia Estados Unidos es la optimización de las refinerías del Golfo de México, las cuales están diseñadas técnicamente para procesar crudo pesado y ácido como el venezolano. “Esto permite maximizar la producción de diésel y gasolinas con menores costos operativos en comparación con el uso de crudos ligeros y, por ende, ofrecer dichos combustibles a precios más bajos”.

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Por otro lado, el inconveniente radica en la incertidumbre sobre la infraestructura, ya que los años de desinversión en PDVSA podrían causar retrasos logísticos o fallas operativas en el corto plazo, así como desincentivar la inversión privada, afectando la regularidad del suministro.

“Actualmente, la infraestructura petrolera de Venezuela está colapsada y ponerla en marcha tomará tiempo”, opinó Arturo Carranza.

PDVSA posee y opera las cinco refinerías de Venezuela, que tienen una capacidad de procesamiento nominal total de 1,046 millones de barriles diarios a partir de 2022. Al igual que el resto del sector, el segmento midstream —que incluye transporte, almacenamiento y comercialización al mayoreo de productos crudos o refinados— enfrenta desafíos significativos como resultado de la continua subinversión y mala gestión.

La EIA refiere que el despido de casi 20,000 trabajadores altamente calificados a principios de la década de 2000, combinado con una tendencia a contratar con base en la lealtad al gobierno en lugar de la capacidad técnica, continúa afectando las operaciones.

En 2023, Venezuela contaba con una red obsoleta de 25 oleoductos operativos para transportar petróleo desde los pozos hasta las refinerías, y se estima que muchos de ellos tienen más de 50 años.

La propia PDVSA estima que sólo la modernización de la infraestructura de oleoductos requeriría una inversión de alrededor de 8,000 millones de dólares para que la producción de petróleo vuelva a los niveles de finales de la década de 1990.

¿Subirán los precios del crudo y el diésel?

Tras la toma de control de la industria petrolera venezolana, el panorama internacional apunta a una estabilidad del precio del petróleo, con una ligera tendencia a la baja, ya que el mercado ha priorizado la expectativa de una mayor oferta futura sobre el temor a la inestabilidad política, coincidieron los expertos.

Bajo este escenario, no se espera un aumento sostenido de los precios de referencia. Si bien el Brent y el West Texas Intermediate (WTI) registraron ligeras alzas momentáneas durante el fin de semana, este lunes 5 de enero los precios se estabilizaron en un rango de entre 57 y 61 dólares por barril.

“Esto ocurre porque la producción venezolana actual es baja y el mercado ya descuenta la entrada de inversión estadounidense para reactivarla”, explicó Alejandro Montufar, de PETROIntelligence.

Para Janneth Quiroz, de Monex, si la intervención en Venezuela facilita inversiones y exportaciones más transparentes, podría reducir, en el margen, las primas de riesgo geopolítico.

A nivel nacional, los expertos señalan que el impacto es ambivalente. Por un lado, México, como vendedor de crudo, podría enfrentar presión competitiva, ya que el crudo Maya de Petróleos Mexicanos (Pemex) compite directamente con el crudo venezolano en las mismas refinerías de Estados Unidos, lo que podría obligar a ajustar precios de exportación para mantener su atractivo comercial.

No obstante, año con año México ha exportado menos crudo y se ha enfocado en el mercado interno, por lo que el efecto no se considera relevante.

Por otro lado, como comprador de combustibles, el país podría verse beneficiado a mediano plazo. Al ser el principal cliente de las gasolinas refinadas en Estados Unidos, una operación más eficiente y económica de las refinerías estadounidenses se traduciría en precios de importación más competitivos, facilitando el suministro nacional.

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En el caso de las gasolinas y el diésel, el gobierno tiene margen para suavizar movimientos mediante los estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), como ha ocurrido en episodios previos.

“Es posible afirmar que no se prevé un aumento de precios de las gasolinas y el diésel para el consumidor final en México en las próximas semanas”, aseguró Alejandro Montufar.

Desde que se difundió la noticia de la detención de Maduro, el precio de la gasolina se mantiene en un tope máximo de 24 pesos por litro, en línea con el acuerdo con gasolineros, mientras que diésel permanece estable, entre los 26.30 y 26.39 pesos por litro.

Así, para México el efecto sería indirecto y moderado: mayor volatilidad, en lugar de una tendencia a la alza sostenida en los combustibles, salvo que el conflicto escale o se traduzca en disrupciones mayores en la oferta global.

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