El sonido del altavoz es claro. Las palabras son contundentes: a todos los operadores y operadores se les solicita presentarse en el patio dentro de cinco minutos. Son más de veinte las personas, de uno y otro género, que se dirigen hacia allá. Caminan con la mirada extrañada, pues no es común recibir llamados como éste. 

Un par de colegas van preguntando si saben de qué se trata y ambos coinciden en que no. Curiosidad, intriga, acaso nervios o emoción sienten cuando llegan al patio, donde ya hay compañeros esperando. Dos chicas de recién ingreso llegan al mismo tiempo. 

El responsable de la flota explica que llegarán camiones nuevos, aunque no para todos. Que habrá reasignación de unidades. Como suele pasar, la flota más antigua dejará de circular y en su lugar entrará la nueva, pero no significa que sea el mismo operador el que reciba el cambio. 

Los camiones nuevos, explica, serán para los operadores con mayor rendimiento, menor incidencia vial y mejores tiempos en ruta. Se trata de indicadores que todos conocen e, incluso, del que tienen visibilidad, aunque son pocos los que piden sus reportes. A muchos les basta con no recibir sanciones.

Los operadores con mejores desempeños saben sus estadísticas, y casi dan por hecho que estrenarán vehículo. El que lleva la voz empieza a decir los nombres de quienes tendrán camiones nuevos. Serán quince. Y aclara que no están jerarquizados, sólo serán nombrados en orden alfabético. 

En la lista están los nombres de las dos operadoras que apenas cumplirán un año en la empresa. Eso quiere decir que dos hombres que quizá esperaron ser nombrados no están en la lista. Su semblante los delata. Están sorprendidos y hasta enfadados. 

Uno alza la mano y pregunta sobre los criterios para la designación de las unidades. Justo lo que ya habían explicado. El gerente de la flota es claro al decirle.

-Sí, ellas dos tuvieron mejor desempeño que tú y que todos los que no fueron mencionados. Sabes perfecto cómo funciona y la idea es que cada uno se esfuerce más para beneficio no sólo de la empresa, sino de ustedes mismos. 

Resignado, escucha lo que él ya sabía. Pero no sabe cómo reaccionar. Su ego está dolido, pero también sabe que es un profesional. Lo acata y lo acepta. 

Un grupo de operadores que sabía que no serían mencionados espera la respuesta de su amigo, casi su mentor. Imaginan una especie de rencilla contra las chicas, están dispuestos a apoyar a su colega. Apenas se termina la junta, los sorprende su actitud.

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Se acerca a ellas y las felicita, no por el camión nuevo, “que sin duda es una fortuna”, sino por su desempeño y el reconocimiento que la empresa tiene con ellas. “Se lo han ganado”, les dice. “El talento no tiene que ver con el género”. 

Sus amigos no dan crédito, pero observan la escena con asombro y hasta con admiración. Saben que la vida cambia, igual que sus formas y costumbres, y se dan cuenta de que hoy tienen la fortuna de hacer algo para sumar a este cambio, pues ellas, ellos y su colega seguirán, igual que nosotros, Al Lado del Camino.

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