En 1985, Fidel Álvarez, ingeniero químico de profesión, recibió un encargo de su tío Jesús Venegas. Le pidió que diseñara una pieza de refacción para sus autobuses, ya que las que había en el mercado eran de hule y duraban una semana. En ese momento fue sembrada la semilla de innovación de lo que habría de convertirse en una empresa global: GAFF International.
El entonces recién egresado de IQ pensó en el diseño y, sobre todo, en el material. En una recámara de su casa, en Guadalajara, hizo pruebas hasta que pudo fabricar la misma pieza, pero de un plástico lo suficientemente robusto para aguantar la operación, y también flexible para cumplir con su función en los autobuses.
Desde las primeras pruebas, el producto demostró que podía durar hasta tres meses: ¡12 veces más! Justo en una reunión familiar, otro tío, Fidel Venegas, escuchó sobre los resultados y oyó que faltaba dinero para echar a andar el negocio, así que se ofreció a invertir, aunque él era médico de profesión.

Y así comenzó la historia de GAFF International (Gomas Automotrices Fidel Fidel). Aquel joven ingeniero químico trabajaba vendiendo productos químicos para una empresa, pero con esta innovación tuvo la oportunidad de mudarse a la Ciudad de México.
Ya en la capital, recuerda el fundador de la empresa, fue a visitar a un empresario de transporte turístico para ofrecerle sus innovadoras piezas.
Cuando le mencionó que las piezas valían cinco pesos, el empresario le dijo que no, que él pagaba un peso por las de hule. “Pero le duran una semana, y las mías duran tres meses”, argumentó.
“Si me duran un mes, te las pago a cinco”, le dijo. “Le dejo las que me pida y regreso en un mes para que me las pague”.
Así de claro y contundente fue don Fidel, pues sabía que su producto hablaría por sí solo. Apenas pasó una semana cuando el transportista le llamó para pedirle muchas más piezas, pues habían pasado la prueba de fuego que las de hule jamás habrían podido superar.
Y ahora sí, de lleno a la joven empresa familiar. Fidel Álvarez renunció a su trabajo para dedicarse por completo a GAFF. Al principio intentaron llegar al público final a través de las refaccionarias, pero la paradoja fue que sus piezas duraban mucho y eso no les convenía a los minoristas, pues los clientes comprarían menos, así que mejor buscaron por otro lado, hasta que llegaron a una expo de refacciones, y ahí fue el boom, ya que de un mes a otro crecieron más de 300 por ciento.

Primero se establecieron en Ecatepec y, tras un par de mudanzas, hoy tienen una planta de talla mundial en Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Emplean a casi 300 personas y tienen un portafolio de más de 2,500 piezas con el ADN Naranja, un gran diferenciador de calidad, diseño e innovación que, literalmente, están pigmentadas con este color, y que hasta eso le han copiado, pero la confianza, certeza y durabilidad, nunca han podido ser replicadas.
Ahora, el modelo de negocio es global. Con una robusta red de distribuidores, la empresa abastece a todo el territorio nacional y exporta a 22 países en Norte, Centro y Sudamérica, Europa y también a Australia. De hecho, uno de sus objetivos más importantes está en expandir su presencia tanto en América como en Europa.
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Enrique Casas, Director General de GAFF International, explicó que la empresa cumple con el estándar ISO, tiene el distintivo “Hecho en México”, y certificaciones con algunos clientes, además de que realizan pruebas de laboratorio tanto a nivel interno como externo, como puede ser el Instituto del Petróleo o el Instituto Politécnico Nacional, organismos especializados en validar procesos, materia prima y desempeño de sus productos.
“También ofrecemos soporte técnico y capacitación para distribuidores y para el consumidor final, además de que en la planta tenemos un punto de venta para atender las demandas del mercado en la zona”, afirmó.

Es así como la innovación, el diseño, desarrollo, calidad y profesionalismo han construido esta historia de 40 años, y que va por muchos más, gracias al trabajo de sus colaboradores y la filosofía que su fundador impregnó desde el primer momento.
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