La escasez de operadores de transporte de carga en Italia continúa siendo uno de los principales desafíos para el sector logístico, pero para la empresa Torello el problema va más allá de la falta de talento.

Torello, miembro de la Unión Internacional de Transporte por Carretera (IRU, por sus siglas en inglés) considera que los largos procesos administrativos, la homologación de licencias y los requisitos para obtener certificaciones profesionales retrasan durante meses, e incluso años, la incorporación de nuevos operadores, especialmente aquellos provenientes de países fuera de la Unión Europea.

De acuerdo con Vincenzo Loria, responsable de Recursos Humanos de Torello, el sistema italiano de contratación de personal extranjero obliga a las empresas a enfrentar un complejo proceso burocrático que inicia con la obtención de permisos laborales y continúa con la emisión de visas, permisos de residencia y la validación de licencias de conducir.

Aunque la empresa puede reclutar y capacitar a los candidatos en un periodo de entre tres y seis meses, los tiempos asociados a la documentación prolongan considerablemente su incorporación efectiva al trabajo.

Certificado de competencia, uno de los obstáculos

Uno de los mayores obstáculos es la obtención del Certificado de Competencia Profesional, requisito indispensable para ejercer como operador profesional en Italia. Además de aprobar la certificación, los aspirantes deben realizarla en italiano, lo que obliga a muchos candidatos procedentes de países como India, Kirguistán, Túnez o Marruecos a aprender el idioma antes de completar el proceso. A ello se suma la demora para recibir el permiso de residencia, indispensable para homologar la licencia de conducir que permite realizar transporte internacional.

«Podemos traer personal a Italia, pero entonces surge el problema del permiso de conducir y el Certificado de Competencia Profesional», explicó Vincenzo Loria.

Para una empresa como Torello, esto representa una importante limitación operativa. El proceso completo puede durar varios meses antes de que un operador entre en el país, seguidos de otros seis meses a un año hasta que esté plenamente cualificado y pueda empezar a trabajar.

Estos retrasos generan costos directos, costeo ocultos y pérdida de productividad. El problema no reside en la formación en sí. Torello puede convertir a un candidato en operador profesional en tres a seis meses. El verdadero reto es el proceso de documentación.

Retención de talento

Actualmente, alrededor del 60% de los operadores de Torello son extranjeros y representan 15 nacionalidades distintas. De esos conductores extranjeros, aproximadamente el 60% proviene de otros países europeos, mientras que el 40% procede de Oriente Medio y el Norte de África.

Para favorecer su integración, la empresa ha incorporado personal administrativo que habla los idiomas de sus colaboradores y ha invertido en infraestructura como estacionamientos seguros con dormitorios, duchas, cocina y lavandería para quienes permanecen largas temporadas fuera de casa. Según Vincenzo Loria, la retención del talento depende principalmente del respeto y de hacer que los operadores se sientan parte de la empresa.

Las condiciones laborales son otra parte fundamental de la solución. La edad promedio de los operadores de Torello oscila entre los 40 y los 45 años. Atraer a gente más joven implica hacer el trabajo más atractivo, especialmente para quienes no desean pasar semanas fuera de casa.

Con una flota superior a las 3,200 unidades y operaciones nacionales e internacionales, Torello concluye que la inversión empresarial en capacitación e integración debe ir acompañada de sistemas de certificación y documentación más ágiles. Para la compañía, esperar entre uno y dos años para que un operador pueda desempeñarse plenamente ya no es una alternativa sostenible frente a la creciente demanda del transporte de carga.

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