Rita se despide con un gesto de mano y sube al tractocamión. Acomoda el asiento, el volante y se ajusta el cinturón. Enciende el motor y espera que le den la señal para avanzar; voltea por el espejo de su lado y observa a las colegas del fondo que van llegando. Sonríe y, ahora sí, arranca para el siguiente viaje. 

Durante el trayecto, apenas saliendo de la zona industrial de Cuautitlán en el Estado de México, recibe la llamada de su instructora, la persona que la acompañó durante su curso introductorio cuando empezó a trabajar en la empresa hace casi quince años. 

Contesta, se saludan con afecto genuino, y escucha. Al otro lado, la instructora le cuenta que están por terminar los últimos detalles de un curso para operadoras en la empresa, pues quieren formar su propio semillero sólo para mujeres. 

Rita sonríe y recuerda cuando llegó a pedir una oportunidad a esta empresa; no tenía más que las ganas de aprender y convertirse en operadora profesional quinta rueda. No le fue fácil, pero lo hizo.

Ahora, mientras escucha a su instructora, piensa en las jóvenes que siguen ocupando estos asientos y que cada vez son más. Piensa en lo mucho que representa este avance. La pregunta que recibe la regresa a la realidad. 

-¿Estás de acuerdo?

-¿Me puede repetir la pregunta?

-¿Que si quieres ser tú quien lidere este proyecto?

No había escuchado la primera vez y, ahora, cuando ya entendió para qué era la llamada, se queda muda. No sabe qué decir, pues un “sí” le parece poco. 

-Claro que sí, por supuesto. Estoy lista. Muchísimas gracias. 

Le dan los detalles, las fechas y las acciones que debe ejecutar en cuanto esté de regreso. El corazón se le hace más grande y no sabe ni quiere ni puede disimular la sonrisa. 

Durante todo el viaje piensa en lo último que le dijo la instructora. Le dijo que el dueño de la empresa realizó un estudio para medir el desempeño de los colaboradores, especialmente de los conductores. 

Ahora que las mujeres ya representan el 10% de la plantilla de profesionales al volante, los resultados han sido claros, pues los índices de siniestralidad bajaron mucho más que cuando sólo eran hombres, lo mismo con los tiempos de entrega y las quejas y reclamaciones de los clientes. 

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Le explicó, pues, que la tendencia es clara. La empresa está apostando con fuerza para seguir creciendo con mujeres al volante. No se trata de sustituir a los hombres, sino de consolidar un equilibrio. 

Ella sabe que ahora está en sus manos llevar la apuesta al siguiente nivel, ya que será responsable del semillero para mujeres, de enseñarles bien, de cuidarlas y de acompañarlas. Quiere hacerlo para continuar, igual que nosotros, Al Lado del Camino. 

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