Cuando Miguelina López Hernández terminó de estudiar contabilidad,  consiguió empleo en una empresa que fabricaba barcos, allá en el Puerto de Veracruz. Una joven profesionista que empezaba a conocer el área administrativa de la compañía y, al mismo tiempo, entendía el mundo laboral, nuevo para ella. 

Entre otras funciones, ella se encargaba de contratar proveedores, operadores y colaboradores para la empresa, y le gustó mucho su trabajo, ya que conoció a muchas personas y eso, a la larga, le fue de gran utilidad para cuando le llegó el momento de emprender. 

A pesar de que eran otros tiempos, otro México y otro contexto, para Miguelina el hecho de ser mujer nunca fue una situación de ventaja o desventaja, ya que siempre tuvo claro que el enfoque profesional habría de ser la prioridad en su quehacer laboral, y que su trabajo sería el que hablara por ella, no su género ni sus creencias ni otro factor externo a la operación. 

Después de esa primera experiencia laboral, se dedicó a la contabilidad para una compañía transportista, con importante presencia en el recinto portuario. Ahí conoció el negocio y vio la oportunidad de desarrollar más habilidades, sobre todo sociales, ya que el trato con las personas es una de sus principales fortalezas. 

Pero el proyecto no duró mucho, dado que los socios de esa empresa decidieron disolver su alianza y, para no quedarse en el limbo, ella se atrevió y emprendió. No tenía mucho dinero, pero sí ganas, miedo y necesidad, así que se endeudó para comprar un camión y muy rápido se puso a conseguir clientes, pues el vehículo se tenía que pagar. 

“Tenía yo mucho miedo en esa época, ya que no sabía si iba a poder pagar la nómina o la mensualidad del camión, pero ese sentimiento fue el que siempre me movió y nunca me detuve. Ese sentimiento me impulsó para continuar y buscar la mejor forma de hacer las cosas. Así fue y así sigue siendo”, señala la entrevistada. 

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Cuarenta años después, esta mujer veracruzana voltea hacia atrás y descubre que gran parte de esta historia se sustenta en un considerable esfuerzo y mejora, ya que muy pronto se dio cuenta de que el servicio que ofrecía no era suficiente para crecer y dar pasos significativos, de tal manera que uno de sus principales logros como empresaria es la obtención de la certificación OEA, uno de sus grandes diferenciadores. 

Sobre el trato que ha recibido, se considera afortunada porque le ha tocado trabajar con personas responsables y respetuosas, y, aunque ha pasado en muchos sectores, a ella no le tocó ser víctima de discriminación ni acoso, lo que sin duda representa una gran ventaja, pues las mujeres históricamente han sido víctimas de todo tipo de escenarios desfavorables. 

Es por eso que Miguelina extiende la mano a todas las mujeres que quieran incorporarse a este sector, cada vez más abierto y amable para ellas, desde la oficina, el taller, el volante o cualquier trinchera en la que quieran participar. 

“Aún falta mucho por hacer, pero es importante lo que se ha logrado y, seguramente, todos juntos, podremos seguir avanzando en temas de inclusión, respeto e igualdad, ya que estamos en un sector en constante movimiento y con importantes retos para el presente y para el futuro”, finaliza. 

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