La crisis sanitaria en 2020 trajo consigo una serie de transformaciones para todos alrededor del mundo, pero, en el caso de Ana Bárbara Arguello, implicó un cambio radical tanto en su vida como en el camino laboral que había recorrido hasta el momento.
La joven dejó Monterrey para regresar a su natal Chiapas e involucrarse en la compañía de transporte familiar FRAYSUR, la cual era dirigida por su padre, quien combinaba su labor como empresario transportista con la de doctor.
Tratando de emular la versatilidad de su papá, Ana Bárbara aprovechó la oportunidad del trabajo a distancia para continuar con su empleo en una compañía cigarrera, al tiempo que tomaba las riendas de la empresa transportista.
Pronto descubrió lo demandante que es el autotransporte, así que optó por dedicarse de tiempo completo a esta actividad y asumir la Gerencia General de la empresa familiar. Si bien la compañía resultaba rentable, el padre de Ana Bárbara tenía como prioridad la medicina, por lo que a lo largo de estos seis años, la joven ha concentrado sus esfuerzos en mejorar procesos, apostar por la eficiencia, aprovechar las áreas de oportunidad y, en consecuencia, promover el crecimiento de FRAYSUR.
Tras la incursión de Ana Bárbara, la empresa chiapaneca pasó de siete a 20 tractocamiones, vehículos utilizados para el movimiento de jaulas graneleras en la modalidad de full, especializadas en el traslado de maíz, azúcar, café y pasta de soya, entre otros productos.
Si bien hoy disfruta plenamente de su labor y se siente muy orgullosa de contribuir a la creación de empleos y elevar la calidad de vida de sus colaboradores, la joven transportista expresó que este camino no ha sido sencillo. Recordó que en sus primeros días no paraban las llamadas de los operadores en las madrugadas a manera de novatada.
Explicó que fue complicado ganarse la credibilidad y la confianza del personal, que estaba acostumbrado al trato directo con su papá; no obstante, con su trabajo, tenacidad y compromiso les fue demostrando que estaba decidida a quedarse y a poner todo su empeño, experiencia y talento para mejorar y crecer juntos.
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Ana Bárbara reconoció que ningún día es igual que el otro; muchas veces, dijo, desde antes de tomar el café de la mañana ya hay problemas que resolver, pero justo es en esa adrenalina y en el dinamismo que exige su labor, donde ha encontrado su gran pasión.
Destacó la satisfacción de llevar por buen rumbo la operación de la compañía, de concertar un crecimiento sólido, así como la oportunidad de intercambiar buenas prácticas con otras empresas transportistas y participar como agremiada en organismos del sector.
Compartió que ha sido un reto entender que las cosas no siempre salen como se tiene previsto, pues hay muchos factores que escapan de su control. De igual forma, ha sido complicado comprobar que cada quien tiene maneras diferentes de ver la vida, lo que le ha enseñado a mantener la calma en los momentos álgidos y a tener la confianza para delegar responsabilidades.
La joven transportista reconoce que, en ocasiones, el hecho de ser mujer llega a jugar a su favor, pues muchas veces sus clientes o interlocutores no esperan que sea ella quien esté detrás de la gestión de la compañía, por lo que se convierte en un factor sorpresa. Reconoce que una vez que demuestra lo que sabe y la seguridad que proyecta, el género pasa a segundo término.
Precisó que la capacidad analítica de las mujeres, el enfoque en los detalles, su compromiso y dedicación son factores que les permiten tener un óptimo desempeño en éste y otros sectores.
Tras su incursión en el autotransporte, Ana Bárbara está convencida de que la clave para que más mujeres se sumen a él es difundir la idea de que es un sector apto para que cualquier persona pueda desarrollarse de forma óptima, así como visibilizar las historias de éxito de profesionales que, como ella, han aprendido a sortear los obstáculos y a ganarse un lugar con su determinación y valentía.












