La logística mexicana enfrenta este año un escenario de contrastes. Por un lado, el nearshoring, el crecimiento del comercio electrónico y la fortaleza del intercambio comercial con Estados Unidos seguirán impulsando la demanda de transporte y servicios logísticos. Por otro, la desaceleración económica, la incertidumbre geopolítica y los problemas estructurales del sector pondrán a prueba la capacidad de adaptación de la industria.
De acuerdo con el informe Estado de la Logística en México, elaborado por Kearney, el comercio bilateral con Estados Unidos, que supera los 800,000 millones de dólares anuales, continuará siendo un motor clave para el sector, con el transporte por carretera movilizando más del 70% del intercambio comercial y más del 85% de los flujos terrestres entre ambos países.
Asimismo, la expansión de la manufactura vinculada al nearshoring y el auge del comercio electrónico seguirán generando nuevas necesidades de transporte de larga distancia, distribución regional y última milla.
Sin embargo, el panorama para 2026 también estará marcado por importantes desafíos. El estudio prevé que el transporte de mercancías en México se contraiga derivado de la desaceleración económica, las tensiones arancelarias y la incertidumbre en los flujos comerciales.
A ello se suman problemas persistentes como el envejecimiento de la flota, que ronda los 20 años de antigüedad; la saturación de la infraestructura carretera y de los cruces fronterizos; la escasez de operadores y los elevados costos asociados a la inseguridad.
Frente a este entorno, las empresas de transporte más grandes ya avanzan en la renovación de sus flotas, la implementación de tecnologías de telemática y seguridad, el uso de combustibles alternativos y la expansión hacia servicios logísticos integrados.
De acuerdo con el informe de Kearney, los transportistas que establezcan alianzas de largo plazo, coinviertan en eficiencia y apuesten por soluciones multimodales y de optimización de redes estarán mejor posicionados para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades.
Autotransporte con presión operativa
Por lo que respecta al autotransporte de carga en México, Kearney considera que afronta un 2026 en medio de un escenario de contrastes. Aunque la industria se mantiene como la columna vertebral de la logística nacional, movilizando cerca del 58% de la carga del país y siendo responsable de más del 70% del comercio bilateral con Estados Unidos, enfrenta crecientes desafíos relacionados con costos, capacidad, infraestructura y capital humano.
Durante 2024, el transporte por carretera movilizó 572 millones de toneladas de mercancías, un incremento marginal de 1.1% respecto al año previo. El sector aportó aproximadamente 956,000 millones de pesos al Producto Interno Bruto nacional, equivalente al 3.8% del PIB total de México, con un crecimiento anual de apenas 1.2%.
Sin embargo, el panorama se deterioró en 2025. Los especialistas estiman una contracción superior al 10% en el volumen transportado, derivada de la desaceleración económica, las tensiones arancelarias con Estados Unidos y una menor demanda de servicios logísticos.
A pesar de esta coyuntura, las perspectivas de largo plazo continúan siendo positivas. El fenómeno del nearshoring sigue impulsando la instalación y expansión de industrias manufactureras en México, particularmente en los sectores automotriz, electrónico y de bienes de consumo. Asimismo, el comercio electrónico continúa elevando la demanda de servicios de distribución regional y de última milla, segmento donde el retail y el e-commerce ya representan alrededor del 20% de las entregas en el país.
Por el lado de la oferta, la capacidad del sector ha crecido, aunque todavía enfrenta importantes limitaciones estructurales. El mercado permanece altamente fragmentado: las empresas con más de 100 camiones representan apenas el 0.7% de los transportistas, aunque concentran cerca de un tercio de la capacidad total. En contraste, las microempresas constituyen alrededor del 80% de los operadores, pero administran únicamente el 22% de las unidades.
La presión sobre los costos también continuará marcando el desempeño de la industria. Entre el segundo trimestre de 2023 y el mismo periodo de 2025, el precio del diésel aumentó 10.1%, mientras que los seguros se han encarecido alrededor de 50% en los últimos tres años. A ello se suman los mayores costos de equipos, refacciones y mantenimiento, en un contexto donde la edad promedio de la flota nacional alcanza los 19.7 años, una de las más elevadas de América Latina.
El factor humano representa otro de los principales desafíos. La escasez de operadores se agravó al pasar de aproximadamente 50,000 conductores faltantes en 2023 a cerca de 99,000 en 2024, cifra que no ha disminuido a la fecha. La baja incorporación de jóvenes al oficio, las largas jornadas laborales, los riesgos de seguridad y los bajos salarios están limitando la capacidad de crecimiento de la industria.
En 2026, la transformación tecnológica y la sostenibilidad comenzarán a ganar mayor protagonismo. Las grandes empresas de transporte están acelerando inversiones en telemática, monitoreo en tiempo real, sistemas avanzados de seguridad y combustibles alternativos, además de iniciar la incorporación de vehículos eléctricos y de gas natural para operaciones urbanas y regionales.
También se observa una tendencia hacia la consolidación del sector, impulsada por adquisiciones y alianzas estratégicas entre grandes grupos logísticos, que buscan asegurar capacidad, mejorar la eficiencia y fortalecer sus operaciones transfronterizas.
En este contexto, la industria del autotransporte se enfrenta a un punto de inflexión. Si bien la demanda derivada del nearshoring y el comercio electrónico seguirá generando oportunidades, la capacidad de modernizar flotas, adoptar tecnologías, fortalecer la seguridad y desarrollar talento será determinante para que el sector mantenga su competitividad.
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